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sábado, 9 de febrero de 2008

El Ser Interior y la Conciencia del Cuerpo

Básicamente, no existen divisiones reales en el ser. Sin embargo, con el fin de hacer más comprensible el asunto, debemos hablar de ellas en esos términos. Primero que todo, tenemos el ser interior, el ser creativo del sueño, compuesto por las unidades de conciencia, energía concientizada que forma nuestra identidad y la que formó las identidades de los primeros habitantes de la tierra. Estos seres interiores formaron sus propios cuerpos del sueño al rededor de ellos, como lo habíamos explicado previamente, pero los cuerpos del sueño no tenían que tener reacciones físicas, pues estaban libres de la gravedad, del espacio y del tiempo.
En la medida en que el cuerpo del sueño se convirtió en cuerpo físico, el ser interior formó la conciencia del cuerpo, de tal manera que el cuerpo físico llegó a estar más consciente de sí mismo, del entorno y de su relación con ese entorno. Antes de que esto pudiera ocurrir, a la conciencia del cuerpo se le enseño a estar más consciente de su propio entorno interior. El cuerpo fue formado de las Unidades EE, a través de todos los estados de los átomos, las células, los órganos, etc. El patrón del cuerpo provino del ser interior, cuando todas las unidades de conciencia involucradas en esta aventura formaron conjuntamente este tejido del entorno y las criaturas, que se adaptaron mutuamente.
Hasta ahora en nuestra presentación, tenemos un ser interior que habita primordialmente en una dimensión mental y psíquica, soñándose a sí mismo en la forma física y formando finalmente una conciencia del cuerpo. A esa conciencia del cuerpo el ser interior le da “su propio cuerpo de conocimiento físico” y la inmensa reserva de logros físicos que ha producido triunfantemente. La conciencia del cuerpo no es “inconsciente”, sino que el cuerpo posee su propio sistema de conciencia que, hasta cierto grado, está separado de lo que consideramos como nuestra propia conciencia normal. La conciencia del cuerpo difícilmente la podemos considerar inferior a la nuestra, o inferior a la del ser interior, puesto que ella representa el conocimiento proveniente del ser interior y es una parte de la propia conciencia del ser interior, la parte que ha sido delegada al cuerpo.
Recordemos que cada célula opera muy bien en el tiempo porque es precognitiva. Está enterada de la posición, salud, vitalidad, de todas las otras células sobre la faz del planeta. Esta enterada de la posición de cada grano de arena sobre la playa de cada océano. En esos términos, la célula forma parte de la conciencia de la tierra.
A ese nivel, el entorno, las criaturas y los elementos del mundo natural están todos unidos. Nuestro intelecto, tal como lo concebimos, opera tan clara y precisamente, tan lógicamente, a veces tan arrogantemente, porque el intelecto va por encima del gran empuje del poder codificado, “antiguo” e “inconsciente”, el poder del conocimiento instantáneo, que es una característica de la conciencia del cuerpo.
Hasta ahora, nuevamente, en nuestra presentación aun tenemos solamente un ser interior y una conciencia del cuerpo. En la medida en que la conciencia del cuerpo se desarrolla a sí misma y perfecciona su organización, el ser interior y la conciencia del cuerpo, conjuntamente, llevan a cabo una especie de mutuo entendimiento psicológico.
El ser interior estaba muy consciente de su propia multidimensionalidad y de que se dio nacimiento psicológico a sí mismo, a través del cuerpo en el espacio y el tiempo. Se conoció a sí mismo como criatura física. Esa parte del ser es la parte que reconocemos como el ser consciente normal, vivo dentro del esquema de las estaciones, consciente dentro de los designios del tiempo, atrapado por el temor en momentos de brillante entendimiento, con civilizaciones que parecen llegar y pasar. Ese es el ser que está alerta en la querida precisión de los momentos, el ser cuyos sentidos físicos están limitados por la luz y la oscuridad, el sonido y el tacto. Ese es el ser que vive la vida del cuerpo. Es el ser que mira hacia afuera. Es el ser al que llamamos consciente egoisticamente. Es el ser que mira hacia la realidad interior, hacia las dimensiones psíquicas del entendimiento, de las que emergieron nuestra propia conciencia y la conciencia del cuerpo.

miércoles, 6 de febrero de 2008

Los Antiguos Soñadores II

El cuerpo aprendió a mantener su estabilidad, su fortaleza y agilidad, a alcanzar un estado de balance, como respuesta complementaria al clima y los elementos, aprendió a soñar cálculos que la mente consciente no podía hacer. El cuerpo aprendió a curarse a sí mismo, en el estado del sueño, con sus sueños. A ciertos niveles, en el estado del sueño, aun ahora, cada porción de la conciencia contribuye a la salud y la estabilidad de todas las otras porciones. Lejos del universo violento, tenemos uno en el que sus fundamentos mismos están basados en la cooperación amorosa de todas sus partes. El regalo de la vida trae consigo la realización de esa cooperación, ya que las partes del cuerpo existen como una unidad, como resultado de la relación interna de naturaleza cooperativa. Todo esto existe desde nuestro nacimiento, cuando somos inocentes de cualquier creencia cultural que puede ser contraria.
Si no fuera por esta cooperación básica y amorosa, que es un don de la vida misma, la vida no habría continuado. Cada individuo, de cada especie, toma el entusiasmo y la alegría iniciales de la vida como su propia medida. Cada individuo, de cualquier especie, y cada conciencia, cualquiera que sea su grado, busca automáticamente mejorar la calidad de la vida misma, no solo para sí mismo, sino para toda la realidad.
Esta es una característica dada de la vida, sin importar las creencias que nos puedan conducir a mal interpretar las acciones de la naturaleza, presentando algunas de sus criaturas de un amanera reprensible.
En cierta forma, los soñadores primitivos, con su inmensa creatividad, soñaron todas las criaturas de la vida, con todos sus pasados, presentes y futuros. Esto es, sus sueños abrieron las puertas del espacio y el tiempo a las entidades que de otra manera no habrían sido liberadas hacia la realización, de la misma manera como las unidades de conciencia fueron alguna vez liberadas de la mente de Todo Lo Que Existe.
Todas las posibles entidades que puedan ser realizadas, existen siempre. Siempre han existido y siempre existirán. Todo Lo Que Existe, por sus características, debe ser todo lo que puede llegar a ser, no puede haber un fin para la existencia y, en los mismos términos, tampoco un comienzo. Pero en los términos de nuestro mundo, las unidades de conciencia, actuando a la vez como fuerzas y como entidades psicológicas de poder masivo, plantaron las semillas de nuestro mundo en una dimensión de poder imaginativo que dio nacimiento a la forma física. En términos nuestros, esas entidades son nuestros ancestros, pero no son solo nuestros ancestros, sino los ancestros de todas las conciencias que forman nuestro mundo.
Durante este periodo que hemos señalado como perteneciente a los soñadores, ciertas acciones subjetivas tuvieron lugar cuando la estructura de la conciencia sintonizada con la tierra formó el fenómeno de “el ser”.
Lo que se necesitaba era un ser físico, muy enfocado y sintonizado precisamente, que pudiera operar eficientemente en el esquema del espacio y el tiempo que se estaba formando junto con las criaturas físicas. Un ser que, de una u otra manera, debía ser apoyado por reinos de información y conocimiento de un tipo que era, básicamente, independiente del espacio y el tiempo. Un conocimiento indispensable, sin embargo, un conocimiento al que no se le permitiría distraer el enfoque físico.
De una u otra manera, esa información interior tenia que conectarse con cada conciencia obre la faz del planeta. Las criaturas terrenales debían estar en capacidad de reaccionar en un momento y, sin embargo, los mecanismos internos que hacían posible tales reacciones estaban basados en cálculos que no podían tenerse en cuenta conscientemente. En nuestro esquema del tiempo, por ejemplo, nunca podríamos movernos tan rápidamente como lo hacemos si tuviéramos que mover conscientemente todos los músculos involucrados en el movimiento, o en los involucrados para hablar, o en cualquiera otra actividad corporal. Ciertamente, no podríamos comunicarnos en este nivel físico si primero tuviéramos que estar conscientes de todos los mecanismos empleados para hablar, utilizándolos conscientemente antes de que una palabra sea pronunciada. No obstante, tenemos que tener ese tipo de conocimiento y tenemos que tenerlo de un amanera que no interfiera con nuestros pensamientos conscientes.

Los Antiguos Soñadores

De acuerdo con nuestra escala del tiempo, en lo que nos parece tiempo antiquísimo, los hombres estuvieron en el estado del sueño mucho mas tiempo de lo que estuvieron en el estado de vigilia o despiertos. Ellos dormían largas horas, como lo hacían los animales, despertándose para ejercitar sus cuerpos, obtener el sustento y, mas adelante, aparearse. Era en realidad un mundo del sueño, pero un mundo encantador y vital, en el que las imaginaciones del sueño jugaban graciosamente con todas las probabilidades vinculadas a esta nueva aventura: imaginar las distintas formas posibles del lenguaje y la comunicación, hilar los más grandes relatos del sueño de civilizaciones futuras, plenas de sus propias historias, edificios mentales que automáticamente creaban pasados y futuros.
Los sueños antiguos eran compartidos, hasta cierto punto, por cada conciencia embarcada en la aventura terrenal, de tal manera que las criaturas y su entorno formaban conjuntamente realidades ambientales mayores. Los valles y las montanas, y sus habitantes, conjuntamente, se soñaron ellos mismos en la existencia y en la coexistencia.
Nuestra especie vivía a un paso mucho mas lento. La sangre, por ejemplo, no necesitaba correr tan rápido por las venas y arterias y el corazón no necesitaba latir tan rápido. La coordinación de la criatura en su entorno no necesitaba ser tan precisa, puesto que era un toma y dame elástico de la conciencia y su entorno.
De manera casi imposible de describir, las reglas del juego no se habían establecido firmemente todavía. La gravedad misma no tenia su omnipresente influencia y el aire era más boyante. El hombre estaba enterado de su soporte de manera intima. Estaba consciente de sí mismo de una manera diferente. Su identificación con el ser no se detenía en el limite de su piel. Podía seguirla hacia afuera, dentro del espacio alrededor de su forma, y sentía como ella se mezclaba con la atmósfera en una sentida experiencia primitiva que ya hemos olvidado.
Durante este periodo, la actividad mental, de la más alta y más original variedad, fue la más poderosa característica del sueño y el conocimiento que el hombre logro fue impreso en su cerebro físico. Esto es lo que ahora corresponde a una actividad completamente inconsciente, la que involucra las funciones del cuerpo, su relación con el entorno, su balance y temperatura, sus constantes alteraciones internas. Todas estas actividades tan complicadas fueron aprendidas y practicadas en el estado del sueño, en la medida en que las unidades de conciencia traducían su conocimiento interno, por medio del estado del sueño, a la forma física.
El hombre y las otras especies empezaron a despertar mas plenamente hacia el mundo físico, a desarrollar sus sentidos externos y a interactuar delicada y precisamente con el espacio y el tiempo. Todavía el hombre duerme y sueña, y el estado del sueno todavía es una conexión firme con sus propios orígenes y con los orígenes del universo, tal como el hombre lo ha conocido.
El hombre soñaba sus lenguajes. Soñaba como usar su lengua para formar las palabras. En sus sueños practicaba la forma de encadenar las palabras para darles significado, de tal manera que al final podía, conscientemente, empezar una frase sin saber realmente como la inicio, pero sabiendo con certeza que podría completarla.
Todos los lenguajes tienen como base el lenguaje que se hablaba en los sueños. La necesidad del lenguaje surgió en la medida en que el hombre era cada vez menos un soñador y se sumergía en los detalles del espacio y el tiempo, ya que en el estado del sueño la comunicación con sus congeneres y con las otras especies era instantánea. El lenguaje surgió para tomar el lugar de esa comunicación interna. Hay una gran unidad subyacente en todas las llamadas culturas primitivas del hombre, en las figuras de las cavernas y en las religiones, ya que todas ellas eran alimentadas por una fuente común, en la medida en que el hombre trató de transferir su conocimiento interior a la realidad física.

sábado, 2 de febrero de 2008

El Despertar de la Conciencia

Cada uno de nosotros estaba presente en el inicio del mundo, aunque podemos estar presentes en el mundo ahora de una manera algo diferente. Es necesario recordar que cada unidad de conciencia es un fragmento de Todo Lo Que Existe, una porción divina. Es por esta razón por la que lo que vamos a explicar tendrá un mayor sentido.
Por algún tiempo, los sonámbulos permanecieron a ese nivel de actividad y por muchos siglos utilizaron la superficie de la tierra como una especie de antecedente para otro tipo de actividad. La vida real era lo que ahora podríamos llamar la vida del sueño. Ellos trabajaban mentalmente mientras dormían, construyendo en sus mentes individuales, y en sus esfuerzos mentales conjuntos, todas las imágenes deslumbrantes que más adelante se convertirían en la reserva mental de la cual los hombres podrían extraer lo necesario. En esta formación multidimensional, mentalmente la conciencia aprendió a formarse ella misma en las Unidades EE, en los átomos y moléculas, en los electrones y los cromosomas. Mentalmente formó los patrones a través de los cuales toda la vida física pudiera fluir. Entonces el mundo comenzó su existencia física. Las Unidades de conciencia son indestructibles y vitalizadas, sin importar las formas que tomen. Mientras las formas de los hombres eran imágenes del sueño, la conciencia convertía las formas en material físico.
La conciencia posee la más inimaginable agilidad sin perder jamás la potencia. Las unidades de conciencia se pueden mezclar y combinar con otras para formar millones de diferentes secuencias de memorias y deseos, de logros neurales y reconocimiento, de estructura y diseño.
Leemos nuestra propia conciencia ahora en cierta forma vertical, identificándonos solamente con ciertas porciones de ella, y nos parece que cualquiera otra organización perceptiva, cualquier otro reconocimiento de identidad, necesariamente negaría la nuestra o la haría inoperable.
En el inicio del mundo había numerosos grupos y afiliaciones de conciencia, muchas otras organizaciones de identidad que eran reconocidas, así como el tipo de orientación psicológica que tenemos ahora. Pero nuestro tipo de orientación no era el primordial.
En líneas generales, mientras las especies de la tierra existían desde el principio en las formas que ahora las conocemos, la conciencia de la especie era totalmente diferente y todas las especies estaban mucho más relacionadas íntimamente por medio de varios tipos de identificación que desde entonces han derivado hacia el conocimiento secreto.
Inicialmente, el mundo era un sueño y lo que consideramos la conciencia despierta o de vigilia era la conciencia del sueño. En esa forma, todo el entorno de la tierra estaba construido mentalmente, el átomo por el átomo consciente, cada uno siendo formado inicialmente por las unidades de conciencia. Decíamos que estas unidades de conciencia operan como entidades y como fuerzas, de tal manera que no estamos hablando de una mecánica mental, sino de entidades en el verdadero sentido de la palabra: entidades con propiedades psíquicas y creatividad inimaginable, fragmentos plenos de propósito, propulsados por la mente infinita, en la medida en que esa mente estaba llena de la inspiración que le daba luz al mundo. Esas entidades, tan antiguas en nuestros términos, dejaron fragmentos de sí mismas “en trance” que formaron las rocas, las montañas, el aire y el agua, y todos los elementos que existen sobre la faz de la tierra.
Esas entidades están en trance, pero su potencia no se ha disminuido y siempre existe una comunicación constante entre ellas.
También existe comunicación constante entre ellas y nosotros, en otros niveles distintos a los que reconocemos, de tal manera que existe una interacción entre cada una de las especies y su entorno.
No existe un lugar en donde la conciencia termina y empieza el entorno, o donde este termina y la conciencia empieza. Cada forma de vida es creada conjuntamente con cada otra forma. El entorno y el organismo se están creando el uno con el otro. Después de que las formas ya eran completamente físicas, todas las especies operaron como sonámbulos por muchos siglos, aunque en la escala que existía entonces el paso del tiempo no se consideraba de la misma manera. Durante ese período se logró la labor de unir la conciencia no física a la materia. Los efectos de la gravedad se estabilizaron. Las estaciones tomaron el ritmo que mejor se acomodaba a las criaturas en las distintas localidades. El entorno y sus criaturas se acomodaron mutuamente.
Hasta entonces, las principales comunicaciones habían seguido los patrones característicos de las unidades de conciencia, cada una de ellas conociendo su relación con todas las otras del planeta. Las criaturas confiaban en sus sentidos internos mientras aprendían a operar los nuevos sentidos físicos, altamente específicos, que señalaban con precisión el tiempo y el lugar. La precisión en la percepción era de vital importancia, ya que con el despertar total de la conciencia dentro de la carne, las intersecciones con el espacio y el tiempo tenían que ser impecables.
Los cuerpos del sueño se convirtieron en cuerpos físicos y con la utilización de los sentidos se sintonizaron con las frecuencias físicas. Estas frecuencias tenían tanto poder y encanto que llegarían a todas las criaturas, desde el microbio hasta el elefante, manteniéndolas juntas en una red cohesiva de alineación con el espacio y el tiempo.
En el inicio del mundo, los sueños del hombre estaban relacionados con la supervivencia física inmediata. Los sueños le daban al hombre información que los nuevos sentidos físicos no podían contener. Los sentidos físicos solo podían percibir el entorno inmediato, pero los sueños del hombre compensaban esa carencia y completaban su conciencia dándole el beneficio de la información mayor a la que alguna vez había tenido acceso. Cuando el hombre estaba dormido podía tomar ventaja de los bancos de información contenidos en las unidades de conciencia que constituían su propia carne.
Cuando el hombre dormía, en realidad regresaba al estado anterior al de vigilia, del cual su vida física misma había surgido. Solamente ahora el hombre era una nueva criatura, una nueva clase de conciencia, al igual que todas las otras especies. En los sueños, todas las especies se familiarizaban con sus antiguas afiliaciones y leían sus propias identidades de manera diferente. Recordaban como era la situación. Recordaban que ellos se habían formado unos a otros.
Este cuento es mucho más difícil de entender que el relato simple de la creación del mundo por Dios, o su producción de un universo sin sentido por medio de las manos resbaladizas del azar. Aun así, nuestro relato es mejor porque los elementos de su verdad encontrarán resonancia en las mentes y los corazones de aquellas personas lo suficientemente abiertas para escuchar. Las mentes de los hombres están vivas con el deseo de leer apropiadamente y están conscientes de su propia herencia inmensa. No se trata de decir simplemente que el hombre tiene un alma que de alguna manera es bendita, mientras todo lo demás no lo es, sino que todo lo que el hombre conoce, sin importar el grado o el tamaño, esta hecho de “material del alma”.
Hemos contado esta historia en términos seriales, pero el mundo y todas sus criaturas en realidad se juntaron como una composición espontánea, como una composición musical en ejecución permanente, en la que las notas mismas están vivas y suenan, en la que los músicos y las notas son una sola cosa, en la que el propósito y la ejecución son uno, en la que cada nota ejecutada continúa ejecutando todas sus probables versiones, formando todas sus probables composiciones, mientras, al mismo tiempo, está formando parte de todos los temas, melodías y notas de las otras composiciones, de tal manera que cada nota se define a sí misma y aun existe también por virtud de su posición en la composición como un todo.
La mente consciente no puede manejar este tipo de creatividad multidimensional. Sin embargo, puede expandirse hacia un tipo de nuevo reconocimiento, cuando es conducida, aun siendo ella misma, por su propio tema.
En cierta forma, nuestro mundo sigue su propio tema en la composición creativa. Queremos saber en donde llegamos a la producción musical, por así decirlo. Hemos utilizado una analogía musical para señalar que estamos tratando también con frecuencias de percepción. Estamos sintonizados con la orquestación de la tierra y nuestra percepción del tiempo es el resultado de hábitos, hábitos de percepción que tuvimos que aprender en el inicio del mundo. Aprendimos esos hábitos en la medida en que nuestros sentidos físicos gradualmente llegaron a ser más alertas y específicos.
Mayores percepciones siempre aparecieron en el fondo de nuestra conciencia y en el estado del sueño. Es la gran actividad del estado del sueño la que nos permite, como criaturas físicas y psicológicas, reconocer y habitar en el mundo que conocemos.

lunes, 28 de enero de 2008

Las Unidades de Conciencia IV

Lo que tenemos realmente es una conciencia manifestada y una conciencia no manifestada, hablando en términos relativos. Nosotros no percibimos la conciencia de los objetos. Ella no está manifestada para nosotros porque nuestro rango de actividades requiere límites para enmarcar nuestro cuadro de la realidad.
Todos nuestros objetos manufacturados también se han originado en el reino de los sueños, siendo primero concebidos mentalmente. De la misma manera, el hombre produjo sus primeras herramientas. El hombre nació con todas las habilidades que ahora lo caracterizan y con otras habilidades que todavía no ha desarrollado. Esto no quiere decir que el hombre no las haya utilizado hasta ahora, sino no que no se ha enfocado en ellas, en lo que consideramos las principales líneas de continuidad civilizada. Indicaciones de esas habilidades están siempre presentes en el estado del sueño, en las artes, en las religiones, y aun en las ciencias. Ellas aparecen en la política y en los negocios, pero en gran medida como antecedentes intuitivos no manifestados, los cuales también son en gran medida ignorados.
Los sueños del hombre siempre le proporcionaron una sensación de ímpetu, de propósito, de significado, y le suministraron la materia prima para formar sus civilizaciones. La historia verdadera del mundo es la historia de los sueños del hombre, ya que ellos son responsables, de una u otra manera, de todos sus desarrollos históricos.
Los sueños del hombre fueron los responsables del nacimiento de la agricultura, de la industria, del surgimiento y la caída de las naciones, de la “gloria” de Roma y de su destrucción. Nuestros avances tecnológicos presentes casi que se originaron con la invención de la escritura impresa, con los inventos de Edison, que eran destellos de intuición inspirados por los sueños.
Cuando decimos que el mundo físico se originó en el mundo de los sueños, debemos estar diciendo algo totalmente diferente a la definición usual de la realidad del sueño. Podríamos emplear unos términos distintos, pero deseamos hacer énfasis en el contacto íntimo de cada persona con esa otra realidad, que ocurre en lo que consideramos como el estado del sueño.
Esta analogía ayudará a comprender al menos intuitivamente la existencia de situaciones tales como el sufrimiento y la pobreza, que de otra manera no tendrían una explicación adecuada. Esperamos también poder dar cuenta del comportamiento de la naturaleza, que parece implicar la supervivencia del más fuerte, o los castigos de un Dios vengativo, por una parte, y el triunfo de las fuerzas del mal, por la otra.
Hablando en términos de los inicios del universo, aun tenemos un universo espasmódico, que aparece y desaparece, que gradualmente se manifiesta por períodos más largos de tiempo. Lo que teníamos en realidad en los inicios del universo eran imágenes sin forma que lentamente adoptaban la forma, parpadeando intermitentemente, y enseguida estabilizándose en formas que todavía no eran completamente físicas. Estas formas tomaron entonces las características que ahora consideramos la materia física formada.
Mientras todo esto ocurría, la conciencia tomó orientaciones cada vez más específicas y mayores organizaciones en nuestro mundo, desprendiéndose ella misma de campos inmensos de actividad para permitirse este comportamiento específico. Todas las unidades de conciencia operan como entidades, como partículas, como ondas, o como fuerzas. En esos términos, la conciencia forma la experiencia del tiempo y no lo contrario.

domingo, 6 de enero de 2008

Las Unidades de Conciencia III

El Universo Interior es un “gestalt” formado por los campos de energía concientizados que contienen lo que llamaremos, por ahora, “información”, de la cual hablaremos mas adelante, ya que este no es el tipo de información acostumbrado.Cada unidad de conciencia, inherentemente, posee dentro de sí misma toda la información disponible para el todo y su naturaleza especifica, cuando opera como partícula, se apoya en el gran “cuerpo” de conocimiento interior. Cualquiera de tales partículas puede estar en donde “esta”, ser lo que es, y serlo cuando es, solamente porque las posiciones, las posiciones relativas, y las situaciones de todas las otras partículas son conocidas.En términos más profundos, nuestro mundo físico se esta iniciando en cada punto en el que estas unidades de conciencia se afirman a sí mismas para formar la realidad física. De otra manera, la vida no se habría impuesto a través de las generaciones. Cada unidad de conciencia intensifica y magnifica su propia intención de ser y se podría decir que elabora desde adentro de si misma una chispa explosiva de deseo primordial que “explota” dentro de un proceso que causa la materialización física. Se convierte en lo que hemos llamado una unidad EE - Unidad de Energía Electromagnética -, caso en el cual se ha embarcado en su propio tipo de experiencia física.
Estas unidades EE operan como campos, como ondas, o como partículas, como lo hacen las unidades de conciencia, pero, desde nuestro punto de vista, ellas están mas cerca de la orientación física. Su suerte esta echada, por así decir: Ellas han comenzado el proceso especial de selección que provocará la forma física. Empezarán a entenderse con los tipos de información que ayudarán a formar nuestro mundo. Literalmente, hay innumerables pasos a seguir antes de que las unidades EE se combinen para formar las partículas físicas más microscópicas. Se inicia un proceso de selección, cuando estas unidades se apartan de los niveles operacionales de sus más grandes campos de información para especializarse en los varios elementos que permitirán la producción de átomos y moléculas acondicionados impecablemente para nuestro tipo de mundo.
Primero tenemos varios estados de pseudo materia, de imágenes del sueño, que gradualmente se unen para ser físicamente viables, ya que existen infinitas variedades de “materia”, entre la materia que reconocemos y la antimateria, según las teorías de los físicos.
La forma existe en muchos otros niveles, distintos a los que reconocemos. Las formas del sueño son tan reales como las formas físicas. Ellas, simplemente, se ajustan a su propio entorno en otros niveles de actividad y recuerdan los tipos de formas que teníamos en el comienzo del mundo.
Mientras nosotros y todas las otras especies éramos sonámbulos, nuestros cuerpos estaban físicamente capacitados. En cierta forma, aun no sabíamos como utilizarlos apropiadamente. Ahora, en el estado de vigilia, no entendemos como nuestros cuerpos del sueño parecen volar por el aire, desafiar el espacio y el tiempo, y así sucesivamente. Sin embargo, de la misma manera, alguna vez tuvimos que aprender a enfrentar la gravedad, a enfrentar el espacio y el tiempo, a manipular en un mundo de objetos, a respirar, a digerir la comida, y a ejecutar todas las manipulaciones biológicas que ahora son comunes.
No nos podíamos permitir identificarnos completamente con nuestros cuerpos físicos hasta que aprendiéramos a sobrevivir dentro de ellos, así que en el estado del sueño los verdaderos procesos de la vida solo empezaron cuando estos cuerpos nuevos, y la nueva conciencia sintonizada con la tierra, se vieron a si mismos ejercitando mentalmente todas las partes del cuerpo. Detrás de todo esto, estaba la comprensión y cooperación brillantes de todas las unidades de conciencia que conforman el cuerpo, cada una contribuyendo con su propia información y su propio conocimiento especifico de la totalidad de las organizaciones corporales, cada una involucrada en los más intricados campos y relaciones, ya que el milagro de la eficiencia del cuerpo es el resultado de la relación que existe entre todas sus partes, conectándolo a otros niveles de existencia que no aparecen físicamente.
Las Unidades de Conciencia, transformándose ellas mismas en Unidades EE, forman el entorno y todos sus habitantes en el mismo proceso, en lo que podríamos llamar una forma circular, en lugar de una forma serial. En esos términos, solo hay varias manifestaciones físicas de conciencia, no un planeta con sus habitantes, sino un “gestalt” completo de conciencias concientes de sí mismas. En esos términos, cada porción de conciencia físicamente orientada ve la realidad y la experimenta desde su propio punto de vista privilegiado, alrededor del cual todo parece girar, aunque pueda involucrar un campo mayor y más generalizado que el nuestro, o un campo más pequeño.
De esta manera, por ejemplo, las rocas nos pueden considerar como parte de su entorno, mientras nosotros podemos considerar las rocas como parte del nuestro. Lo que ocurre es que no nos sintonizamos con el rango de conciencia de las rocas. En realidad, muchos otros tipos de conciencias, mientras se enfocan en sus propias maneras especificas, están más enteradas que el hombre de la naturaleza unificada de la tierra, pero el hombre, siguiendo sus propias maneras, también contribuye al desarrollo y logro de valores de todas las otras conciencias en maneras que están totalmente por fuera de los sistemas usuales de conocimiento.
Si tenemos en cuenta que cada unidad de conciencia está enterada de la posición de cada una de las otras unidades de conciencia y que estas unidades forman toda la materia física, quizá podamos comprender lo que esto significa, ya que cualquiera que sea el conocimiento que el hombre adquiere, cualquiera que sea la experiencia que cada persona acumule, cualquiera que sean las artes o las ciencias que produzcamos, toda esa información es instantáneamente percibida en otros niveles de actividad por cada una de las otras unidades de conciencia que conforman la realidad física, bien sea que esas unidades tomen la forma de una roca, una gota de agua, una manzana, un gato, una rana, o un zapato. Los productos manufacturados también están compuestos de los átomos y moléculas que integran las unidades de conciencia transformadas en unidades EE y, por lo tanto, en los elementos físicos.

Las Unidades de Conciencia II

En el principio, las Unidades de Conciencia que existían dentro del “gestalt” psicológico divino, provistas de la inimaginable creatividad de esa identidad sublime, empezaron ellas mismas a crear, explorar y a desarrollar aquellos valores innatos que las caracterizaban. Operando a la vez como ondas y como partículas, dirigidas en parte por su incansable creatividad y en parte orientadas por la creatividad de Todo Lo Que Existe, se embarcaron en el proyecto de traer a la realidad el tiempo, el espacio y la totalidad del universo. Las Unidades de Conciencia fueron entonces las primeras entidades.
Tratemos de imaginar una situación en la que existe una fuerza psicológica que incluye dentro de sus capacidades la habilidad de actuar simultáneamente en los niveles más microscópicos y en los niveles más macroscópicos; que puede formar dentro de sí misma un millón de identidades únicas, inviolables y separadas, que pueden operar como parte de esas identidades y como la unidad más grande que es su fuente, caso en la cual es una onda de la que surgen las partículas. Esa descripción se ajusta a nuestras Unidades de Conciencia.
Las Unidades de Conciencia construyen nuestro mundo de adentro hacia afuera. Como criaturas físicas, ellas se enfocan en lo que consideramos como identidades físicas: diferencias individuales y separadas, que proveen cada conciencia física con sus propias variaciones originales y sus propios potenciales creativos, su propia oportunidad para una completa experiencia original y un punto de vista, o plataforma, desde la cual pueda participar en la realidad, una realidad que a ese nivel no puede ser experimentada de la misma manera por ningún otro individuo. Esta es la privilegiada, siempre nueva, privada e inmediata experiencia directa de cualquier individuo, de cualquier especie, o de cualquier grado, cuando encuentra el universo objetivo.
A otros niveles, mientras la individualidad se mantiene, ella cabalga sobre las formaciones de ondas de la conciencia. Está en todas partes al tiempo y las unidades de conciencia que conforman las células saben las posiciones de todas las otras unidades, tanto en el tiempo como en el espacio.
En el inicio del universo, estas unidades operaban no solo como identidades, sino también como partículas y ondas. La principal concentración aun no era física, en nuestros términos. Lo que consideramos ahora como el estado del sueño, era el estado de vigilia, ya que todavía era la forma reconocida de la actividad, la creatividad y el poder. El estado del sueño continua siendo la conexión entre dos realidades y, como especie, literalmente aprendimos a caminar primero como sonámbulos. Caminábamos en el sueño. Soñábamos nuestros lenguajes. Hablábamos en los sueños y más tarde escribiríamos los alfabetos. Nuestro conocimiento y nuestro intelecto han sido siempre disparados, agudizados, impulsados, por la gran realidad interna de la que emergen nuestras mentes.
La materia física, por si misma, nunca podría producir la conciencia. Una mente sola no podría llegar a la existencia por azar. Un pensamiento no podría surgir del infinito numero de terminales nerviosas, si la materia misma no estuviera inicialmente viva, con la conciencia provista de la intención de ser. Un hombre que cree que la vida tiene poco sentido, rápidamente abandona la vida. Una existencia sin sentido, nunca podría producir la vida. El universo no fue creado para una especie solamente, por un Dios que simplemente supervisa esa misma especie tan destructiva, como es el hombre en sus peores circunstancias.
En cambio, tenemos una división interna de actividad, un inmenso campo de actividad, de creatividad multidimensional, un Creador que se convierte en una parte de cada una de sus creaciones, pero un Creador que es más grande que la suma de sus partes: Un Creador que se conoce a sí mismo como un ratón en el campo, o como el campo, o como el continente sobre el cual se encuentra el campo, o como el planeta que contiene el continente, o como el universo que contiene el mundo. Es una fuerza que es un todo, pero que aun es divisible, que es una y a la vez muchas fuerzas inconcebibles, una fuerza que es eterna y a la vez mortal, una fuerza que se sumerge en su propia creatividad, formando las estaciones y experimentándolas también, glorificándose en la individualidad, pero siempre consciente de la mayor unidad que está dentro y detrás de todas las experiencias de la individualidad: Una fuerza desde la cual cada momento del pasado y del futuro fluye en todas las direcciones concebibles.
En nuestros términos del tiempo, hablaremos de un principio y, en ese principio, fueron los sueños del hombre primitivo los que le permitieron afrontar la realidad física. El mundo del sueño fue su campo de aprendizaje original. En tiempos de sequía, el hombre soñaba con la localización del agua. En tiempos de hambre, soñaba con la localización de la comida. Su sueño le permitía una visión clarividente del cuerpo de la tierra. El hombre no perdía tiempo con los procedimientos de ensayo y error, que ahora damos por hechos. En los sueños, su conciencia operaba como una onda.
En esos primeros tiempos, todas las especies compartían sus sueños de una manera que ahora es totalmente inconsciente para nuestra especie, de tal manera que en los sueños el hombre también investigaba a los animales, mucho tiempo antes de aprender a seguir los rastros de ellos. El hombre exploraba el planeta porque sus sueños le dijeron que la tierra estaba ahí.
La gente no estaba tan aislada como parece ahora, ya que en sus sueños el hombre primitivo comunicaba sus diversas localizaciones, los símbolos de sus culturas y comprensión y la naturaleza de sus artes. Todos los inventos que con frecuencia pensamos suceden totalmente por azar – el descubrimiento de todos ellos, desde la primera herramienta hasta la importancia del fuego, o el advenimiento de la Edad del Hierro, o cualquier otra cosa – toda esa inventiva fue el resultado de la inspiración y la comunicación del mundo del sueño. El hombre soñó su mundo y lo creo, y las unidades de conciencia soñaron primero el hombre y todas las otras especies que conocemos.
Este es el momento para resaltar algo muy importante: El mundo del sueño no es un campo de actividad sin objetivo, sin lógica, sin intelecto. Lo que sucede es que nuestra perspectiva nos impide ver su más grande realidad, ya que el intelecto del sueño podría ser motivo de vergüenza para nuestros computadores. Nuestro propósito no es colocar las capacidades intelectuales en el fondo, sino afirmar que ellas emergen, tal como las conocemos, como consecuencia del uso ininterrumpido que hace el ser del sueño del poder mancomunado del intelecto y las intuiciones. Las capacidades intelectuales, tal como las conocemos, no se pueden comparar con las capacidades mayores que forman parte de nuestra realidad interior.