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martes, 21 de agosto de 2007

Las Causas de las Epidemias

Hasta cierto punto, las epidemias son el resultado de un fenómeno de suicidio masivo por parte de las personas que las padecen. Factores biológicos, sociológicos y aún económicos, pueden estar involucrados, en los que, por diferentes razones y en niveles diferentes, un grupo de personas desea morir en cierto tiempo, de tal manera que sus muertes individuales equivalgan a una declaración masiva.
Estas muertes son una protesta contra el tiempo en el cual ocurrieron. Sin embargo, todos los involucrados tienen sus razones privadas. Estas varían de una persona a otra, pero todas “desean que su muerte tenga un propósito”, más allá de sus propios intereses. En parte, estas muertes tienen por finalidad hacer que los sobrevivientes se cuestionen sobre las condiciones imperantes. Inconscientemente, la especie sabe bien que existen razones para estas muertes masivas, que van más allá de las creencias aceptadas.
En algunos períodos históricos la situación de los pobres era tan horrible, tan insoportable, que se presentaron brotes de la plaga que resultaron en la destrucción total de las áreas en que esas condiciones sociales, políticas y económicas existían. Las plagas se llevaron a ricos y pobres, para que los no afectados pudieran darse cuenta de que las condiciones sanitarias, la privacidad y la tranquilidad, se les debían garantizar a los pobres por igual, pues los resultados de su insatisfacción tendrían consecuencias. Aquellas eran muertes de protesta. Individualmente, cada “víctima” era, de una u otra manera, una “víctima” de la apatía y la desesperación, que automáticamente reducen las defensas corporales.
Estos estados de la mente no solo disminuyen las defensas, sino que activan y cambian las químicas del cuerpo, alteran sus balances, e inician las enfermedades. Muchos virus que tienen la capacidad inherente de causar la muerte, en condiciones normales contribuyen a la salud general del cuerpo y coexisten con otros virus cuyas actividades también ayudan a mantener el equilibrio corporal.
Por algunos estados mentales, ciertos virus se disparan hacia una mayor actividad, se reproducen en cantidades exorbitantes y se convierten en virus “mortales”. Literalmente, los problemas mentales individuales, con la suficiente severidad, surgen como enfermedades sociales masivas.
El entorno en el cual el brote de plaga ocurre, indica las condiciones políticas, sociológicas y económicas que se han desarrollado para causar tal desorden. A menudo los brotes de plaga se presentan después de acciones sociales o políticas ineficaces, es decir, después de protestas sociales masivas que han fallado, o se han considerado inútiles o sin esperanza. También pueden ocurrir en épocas de guerra, afectando a la población que está en contra de ella, en el país involucrado.
Inicialmente el contagio es psíquico. El desespero se mueve más rápido que un mosquito, o que otro portador externo de determinada enfermedad. El estado mental produce la activación de un virus que es pasivo.
El desespero puede parecer pasivo, porque se siente que la acción exterior es inútil y sin esperanza, pero el fuego ruge interiormente y este tipo de contagio puede saltar de cama en cama o de corazón a corazón.
Cuando se tiene la creencia de que solo existe una vida, las condiciones parecerán desastrosas. Si bien cada víctima en una epidemia muere su propia muerte, ella se convierte en parte de una protesta social masiva. Las vidas de los sobrevivientes son sacudidas y, según la extensión de la epidemia, los varios elementos de la vida social son perturbados, alterados y reorganizados. Algunas veces, las epidemias son eventualmente responsables por la caída de gobiernos y la pérdida de guerras.
Las epidemias cumplen varios propósitos, alertando que ciertas condiciones no serán toleradas. Se trata de una protesta biológica que se seguirá expresando hasta que las condiciones cambien.
En los días de las grandes plagas en Inglaterra, algunas personas afectadas no murieron y aquellas no afectadas por la enfermedad se encargaron de atender los enfermos y moribundos. Los sobrevivientes, que se involucraron activamente, se vieron a sí mismos de una manera totalmente diferente a los que sucumbieron. Se trató de personas a quienes no las tocó el desespero, se vieron a sí mismas como personas útiles y efectivas. Eran personas comunes y corrientes, que habían llevado una vida alejada del heroísmo y que actuaron con valentía en esta oportunidad. El contacto con los moribundos les dio una visión del significado de la vida, agitaron nuevas ideas de naturaleza sociológica, política y espiritual que les hicieron comprender que las muertes no habían sido en vano.
Las epidemias, por su naturaleza pública, expresan problemas públicos, problemas que amenazan arrastrar al individuo a un desastre psíquico.
Las anteriores son las razones para el rango y los límites de varias epidemias. Por qué se presentan en áreas determinadas dejando libres otras? Por qué una familia morirá y otra sobrevivirá? En esta aventura masiva, también el individuo crea su propia realidad.
En nuestra sociedad científica operan las creencias médicas y un tipo de medicina preventiva según la cual se utilizan procedimientos para inducir ligeras enfermedades en personas sanas para inmunizarlas contra una invasión masiva. En estos casos, el procedimiento funciona para quienes creen en él. Sin embargo, es la creencia y no el procedimiento el que funciona. No se trata de recomendar el abandono de estos procedimientos cuando funcionan para la mayoría de las personas, sino que es necesario comprender la razón por la cual se obtienen buenos resultados.
La tecnología médica es bastante específica. No nos podemos vacunar contra la falta de deseo de vivir, o contra la falta de entusiasmo, deleite y satisfacción, que si tienen los animales sanos. Cuando alguien ha decidido morir, aunque se haya protegido con el procedimiento de la vacuna contra una enfermedad, muy pronto padecerá otra, o tendrá un accidente. La inmunización que produce la vacuna para una enfermedad específica sólo refuerza las creencias previas sobre la ineficacia del cuerpo para sanarse. Puede parecer que si se deja a su suerte, el cuerpo va a desarrollar con seguridad cualquier enfermedad que esté “de moda” en el momento.
La sociedad tiene sus propios sistemas médicos y no los vamos a demeritar. Nuestros puntos de vista no se pueden probar y pueden parecer sacrílegos. Sin embargo, en toda la historia, ninguna persona ha muerto que no hubiera querido morir, no importa cual haya sido el estado de la tecnología médica del momento.

lunes, 20 de agosto de 2007

Las Epidemias y las Vacunas

Las epidemias no se pueden mirar solamente desde el punto de vista de la biología, pues también incluyen las actitudes psicológicas de muchas personas y corresponden a las necesidades y deseos de los involucrados. Estas necesidades surgen dentro de una estructura de realidades religiosas, psicológicas y culturales, que no se pueden aislar de los resultados biológicos.
No hemos tenido en cuenta muchos asuntos vitales e importantes, que tienen que ver con realidades masivas, porque es necesario resaltar primero la importancia del individuo y su poder para formar sus eventos privados. Cuando ya se haya hecho suficiente énfasis en la naturaleza privada de la realidad, estaremos listos para demostrar como la magnificación de la realidad individual se combina y agranda para crear reacciones masivas inmensas, como la iniciación de un nuevo período histórico y cultural, el surgimiento y la caída de gobiernos, el nacimiento de una nueva religión, conversiones masivas, asesinatos masivos en forma de guerras, epidemias mortales, terremotos, inundaciones y otros desastres. Por otra parte, también la iniciación de períodos grandiosos de arte, arquitectura o tecnología.
La muerte de cada individuo es única, porque nadie más puede padecer esa muerte. Parte de la especie muere con cada muerte y renace con cada nacimiento. Cada muerte individual tiene lugar dentro de un contexto más grande de la existencia de la especie en su totalidad. La muerte tiene un propósito a nivel de la especie y del individuo, ya que ninguna muerte llega sin invitación.
Una epidemia, por ejemplo, cumple el propósito de cada individuo involucrado y también cumple su función en la estructura más amplia de la especie. Cuando consideramos las epidemias como resultado de los virus y hacemos énfasis en sus posturas biológicas, nos parece que las soluciones son muy obvias: descubrimos la naturaleza de cada virus y desarrollamos una vacuna, le damos una pequeña dosis de la enfermedad a cada miembro de la población, de tal manera que el cuerpo de cada persona la combatirá y cada cual se volverá inmune a ella.
Generalmente, no nos damos cuenta de las limitaciones de este procedimiento, por las ventajas muy claras a corto término. Las personas que se han vacunado contra la poliomielitis no desarrollan la enfermedad. Con este procedimiento, la tuberculosis, en gran parte, ha sido derrotada. Sin embargo, hay algunas variables operando, precisamente por la estructura tan pequeña y limitada con la que consideramos tales epidemias masivas.
En primer lugar, las causas no son biológicas. La biología es simplemente la conductora de un “intento mortal”. En segundo lugar, existe una diferencia entre un virus producido en el laboratorio y el virus que está en el cuerpo, diferencia que reconoce el cuerpo, pero no los instrumentos del laboratorio. En cierta manera, el cuerpo produce anticuerpos y se consigue una inmunización natural, como resultado de la vacuna. Pero la química del cuerpo se confunde porque “sabe” que está reaccionando a una enfermedad, que no es “una verdadera enfermedad”, sino una invasión biológica falsa. En este caso, la integridad biológica del cuerpo se contamina y puede, al mismo tiempo, producir anticuerpos para otras enfermedades “similares”, extendiendo tan exageradamente sus defensas que la persona más adelante padecerá otra enfermedad.
Ninguna persona se enferma, a menos que esa enfermedad tenga una razón psíquica o psicológica. Así que mucha gente se evita estas complicaciones. Los científicos y los médicos están encontrando más y más virus, contra los cuales la gente se debe vacunar. Cada virus se considera único y hay una carrera para obtener la nueva vacuna contra el último virus. Los científicos predicen cuanta gente será atacada por un virus que ha causado un cierto número de muertes y, como medida preventiva, se invita a la gente a vacunarse. Muchas personas que no van a tener la enfermedad, religiosamente reciben la vacuna. El cuerpo se ve forzado a utilizar su sistema inmunológico al máximo. Las personas que psicológicamente han tomado la determinación de morir, morirán de todas maneras, de esa enfermedad o de otra, o de los efectos secundarios de la vacuna.
La muerte es una necesidad biológica, no solo para el individuo, sino también para asegurar la vitalidad continuada de la especie. La muerte es una necesidad espiritual y psicológica, ya que, después de cierto tiempo, las exuberantes y siempre renovadas energías del espíritu no podrán convertirse en carne.
Íntimamente, cada individuo sabe que debe morir físicamente para sobrevivir espiritual y psíquicamente. Hasta cierto punto, las epidemias y las enfermedades reconocidas tienen el propósito sociológico de proveer una razón aceptable para morir. Son un mecanismo que les permite salvar la cara a quienes ya han decidido morir. Esto no significa que las personas toman la decisión consciente de morir. Estas decisiones son semiconscientes. Las personas pueden sentir que ya han cumplido con todos sus propósitos.
Aún no hemos comprendido que antes de la vida las personas deciden vivir. El ser no es simplemente la personificación accidental del mecanismo biológico del cuerpo. En cada persona nace el deseo de nacer y esa persona muere cuando ese deseo se acaba. Ninguna epidemia, enfermedad, desastre natural, o bala perdida, mata a una persona que no quiere morir. El deseo de vivir ha sido muy exaltado, pero rara vez la psicología humana ha tratado con el deseo activo de morir. En su forma natural, este no es un deseo morboso, aterrador, neurótico, o cobarde, de escapar de la vida, sino un deseo por la supervivencia, según el cual el individuo quiere, muy poderosamente, dejar la vida física, de la misma manera como el niño alguna vez deseo abandonar el hogar de sus padres.
No estamos hablando del deseo de suicidarse, que significa matar el cuerpo por medios autoinducidos, a veces de naturaleza violenta. Idealmente, este deseo natural por la muerte involucra la desaceleración de los procesos del cuerpo, el desprendimiento gradual de la mente del cuerpo y, en ocasiones, de acuerdo con las características de la persona, la súbita y natural detención de los procesos del cuerpo.
El ser y el cuerpo se entrelazan tan maravillosamente que la separación es suave. El cuerpo sigue automáticamente los deseos del ser interior. En el caso del suicida, el ser está actuando fuera del contexto del cuerpo, que aún tiene su propia voluntad de vivir.

domingo, 19 de agosto de 2007

La Astrología

Nuestra realidad es como una plataforma brillante, una superficie que se apoya en probabilidades. A estas las seguimos inconscientemente y nadamos en ellas tan fácilmente que no se nos ocurre preguntarnos por nuestro origen o el medio en el cual tenemos nuestra existencia.
Las personas que comparten la misma fecha, y aún el mismo lugar de nacimiento, no tienen el mismo “destino”. Aún más, no comparten las mismas condiciones, necesariamente. Cada una se afecta por su propio sistema de probabilidades al nacer y esas condiciones alteran drásticamente la naturaleza de su desarrollo.
La práctica de señalar el momento de la concepción como la fecha del nacimiento, es equivocada. No existe un momento en el que podamos decir, en términos básicos, que una persona está viva, aunque es más práctico aceptar ciertos momentos especiales para que la vida y la muerte ocurran. La verdad es que emergemos en el espacio y el tiempo en cierto momento de nuestra percepción. Sin embargo, nuestra conciencia ha existido desde mucho antes. En un contexto más amplio, el hijo es el padre de su padre, de una manera tan cierta como es su hijo, y viceversa. Una vez que liberemos nuestra conciencia de conceptos limitantes sobre el tiempo y el ser, estaremos listos para iniciar la exploración de la realidad desconocida de ese ser no reconocido.
Cuando pensamos en términos convencionales en la astrología, es como si leyéramos la carátula de un libro sin darnos cuenta de las muchas páginas que hay dentro de él.
La conciencia, activa dentro de las estructuras celulares, se mueve anticipadamente para reaccionar a ciertas condiciones y no a otras. Muchas personas han nacido el mismo día de un año determinado y dentro del mismo período de tiempo, pero, individualmente, el movimiento interior puede ser diferente. Mientras las condiciones en el momento del nacimiento pueden parecer más o menos iguales, las reacciones internas a esas condiciones serán muy distintas. Algunas personas se afectarán más y serán más sensibles a otras probabilidades y éstas no aparecen en los “cartas astrológicas”. Estas hacen énfasis en una sola línea de probabilidades, a costa de todas las demás.
Así como las células operan con el conocimiento de las acciones probables y mantienen el cuerpo físico en el sistema que hemos escogido, la mente, operando de igual manera, se siembra, ella misma, en muchas probabilidades diferentes. En este caso, estamos hablando de probabilidades físicas, o alternativas del mundo que conocemos. Todas las personas vivas contemporáneas no pertenecen al mismo sistema probable. Estamos en un campo de intercambio en el que personas de muchas realidades probables se mezclan, poniéndose de acuerdo en aceptar ciertas porciones del mismo entorno del espacio-tiempo.
En nuestra experiencia, nos concentramos en ciertos eventos similares y desechamos otros que no lo son. Damos por sentado que la memoria falla, cuando no estamos de acuerdo con otra persona sobre los eventos que ocurrieron en cierto tiempo y lugar. Damos por sentado que la interpretación de los eventos cambia, pero que ciertos eventos que ocurrieron no son susceptibles de interpretación. Los eventos mismos no son tan concretos. Nosotros aceptamos un evento probable, pero otras personas pueden experimentar otra versión de ese evento, lo que se convierte para ellas en su realidad sentida.

sábado, 18 de agosto de 2007

Contrapartes - Almas Gemelas

Cada uno de nosotros es miembro de una raza y, por este hecho, no sentimos que se haya perdido nuestra individualidad. También nos consideramos miembros de una especie y tampoco la perdemos. En la tierra, las razas conviven y en determinadas épocas su proporción varía. Existen, además, “razas psíquicas”, a las cuales pertenecemos, que tienen sus propias variaciones psíquicas.
Cada persona viva tiene contrapartes o réplicas vivas de si misma, compartiendo la faz de la tierra, al mismo tiempo. Existen fuentes psíquicas de identidad, de la cual forman parte todas las personas vivas en un determinado siglo, de la misma manera como ellas forman parte de una raza en particular. Cada miembro de la especie es un individuo y cada miembro de la fuente psíquica de identidad también lo es.
Nuestra idea de personalidad nos limita cuando pensamos en estos conceptos. Nos imaginamos la personalidad como una especie de partícula mental que debe tener límites definidos para no perder su identidad.
La identidad de la más pequeña conciencia siempre se mantiene, pero no tiene límites. Podemos mantener nuestra identidad, tal como la conocemos, y trasladarnos a un campo más grande de realidad que nos permita percibir las otras versiones o formas de nosotros mismos. Podemos darnos cuenta de una estructura mayor, en la cual tenemos nuestra propia validez, con el consiguiente incremento del conocimiento y la adición de nuevas dimensiones de experiencia. La manera más fácil de lograrlo es observándonos a nosotros mismos en el estado del sueño, ya que allí creamos constantemente nuevas versiones de nosotros mismos. En la mañana, al despertarnos, nos habremos enriquecido y no disminuido. Nosotros somos la versión viviente de nosotros mismos en el espacio y en el tiempo, alrededor de la cual el mundo gira. Así como las razas tienen características propias, una trayectoria biológica compartida y provienen de la misma fuente, las contrapartes o réplicas también provienen de una misma fuente psíquica.
Psíquicamente, estamos constituidos por contrapartes, así como físicamente provenimos de varias razas. Existen muchos más grupos de contrapartes que de razas, solo que la definición de razas es arbitraria. Es preferible asimilar las contrapartes a las familias físicas. Podemos tener cuatro o cinco contrapartes vivas en un siglo, de la misma manera como podemos tener cuatro o cinco miembros de la familia dentro del mismo período de tiempo.
Recordemos que somos una versión de una personalidad mayor. Esa personalidad mayor es la Entidad, que no puede expresarse físicamente. Nuestras experiencias son propias y a través de nosotros se convierten en experiencias de la Entidad. Ella fue la que nos dio la existencia física, de la misma manera como nosotros les dimos a nuestros hijos su vida física. Nuestros hijos están separados y se distinguen de nosotros, pero una vez estuvieron dentro del útero de la madre.
La experiencia individual se convierte en la experiencia de la Entidad. De igual manera, inconscientemente, utilizamos el conocimiento de la Entidad para nuestros propios fines. Somos una rama de la Entidad y, de forma inconsciente, nos enteramos de las experiencias de nuestras contrapartes - y ellas de las nuestras - utilizándolas para nuestros propósitos.

viernes, 17 de agosto de 2007

Nuestras Creencias y la Realidad Desconocida

Anteriormente habíamos visto como formamos nuestra experiencia privada a través de nuestras creencias. Tenemos unas ideas familiares que utilizamos para estructurar la visión del mundo y la realidad que conocemos. Es importante entender lo que son nuestras propias creencias. Muchas de ellas funcionan bien “en casa”, pero cuando vamos a viajar lejos de nuestra estación base, encontraremos que esas mismas ideas impiden nuestro progreso.
Algunos conceptos no son funcionales, ni siquiera en la realidad física. Un concepto rígido y dogmático sobre el bien y el mal nos obligará a percibir la existencia física como un campo de batalla entre fuerzas opuestas, con el alma como amortiguador.
En estas condiciones, toda experiencia se vuelve sospechosa. Tendremos la tendencia a considerar el cuerpo como malo, negándole sus apetitos naturales. Nuestra parte física, al mismo tiempo, mirará nuestras “buenas intenciones” como erróneas y como infracciones de su propia existencia.
Necesitamos entender la “gracia natural” de nuestro ser, para que los ejercicios que nos permitirán viajar a la realidad desconocida no se traduzcan en creencias limitantes.
Estamos familiarizados con nuestra propia visión del mundo. Cuando dejamos esta orientación usual, alterando el enfoque de la conciencia, podemos estructurar la nueva experiencia de manera igual a como lo hacemos en la experiencia física. En esta nueva experiencia tendremos mayor libertad y un campo de acción más amplio. Estamos acostumbrados a proyectar nuestras creencias sobre los objetos y los eventos físicos. Cuando dejamos nuestra estación base, los objetos y los eventos no se presentan de la misma manera.
Podemos creer que somos malos, simplemente por el hecho de ser entes físicos. Podemos creer que el alma “desciende” dentro del cuerpo y, por consiguiente, que ese cuerpo es inferior, más bajo, y que es una versión degradada de “lo que realmente somos”. Nuestro cuerpo físico es más sabio y no puede aceptar estos conceptos. En la vida diaria, proyectamos la idea del poco mérito propio hacia otras personas, o hacia otra nación, quienes aparecen como enemigos. Generalmente, quienes hacen el papel de enemigos son los miembros de otra religión, o de otro partido político.
En todos los casos, en nuestra vida privada, difícilmente vamos a creer en la falta de mérito propio, o en la propia maldad. No nos damos cuenta de que realmente el enemigo somos nosotros mismos.
Cuando empezamos a dejar nuestra estación base y alteramos el enfoque de la conciencia, dejamos atrás los receptores familiares de nuestras proyecciones.
Las exploraciones psíquicas no causan ninguna dificultad, ni originan problemas. Por el contrario, a menudo son terapéuticas
Si normalmente estamos capacitados para tratar con la realidad física, no encontraremos dificultades con las alteraciones de la conciencia, o con el abandono de la estación base. Cuando dejamos nuestra estación base y alteramos nuestra conciencia, llevando nuestro propio bagaje de ideas, siempre seremos turistas interpretando las experiencias a través de sus propias creencias personales y culturales.

jueves, 16 de agosto de 2007

Contactos con la Realidad Desconocida

Anteriormente, hemos hablado del hombre probable, hemos aludido a civilizaciones probables y mencionado sistemas alternativos de realidad. Todo esto no existe totalmente separado del mundo que conocemos, o completamente separado de la mente. Cuando no hemos experimentado con otras realidades, su existencia permanece en el campo de la conjetura especulativa.
La realidad desconocida es una variante de la realidad conocida, de tal manera que sus rasgos están latentes y no son predominantes en nuestra experiencia privada y masiva. El encuentro con estos fenómenos significa traer a nuestro enfoque elementos sobre los cuales generalmente no estamos concentrados. La conciencia necesita aprender a organizarse a sí misma en más de una forma, o debemos permitirle que haga uso de sus capacidades de una manera más completa. No se trata, necesariamente, de que la conciencia ignore el contenido del mundo, o de que niegue la percepción física. El asunto está en ver el contenido de ese mundo en forma distinta y en liberar los sentidos físicos de las restricciones que nuestras convenciones mentales les han impuesto.
Cada estación particular de la conciencia percibe un tipo diferente de realidad. Usualmente, estamos sintonizados con nuestra propia estación, la mayor parte del tiempo. Si cambiamos ligeramente el enfoque, el mundo aparecerá diferente. Si esa ligera alteración predomina, esa será la manera como el mundo aparecerá. Cada aspecto de la mente percibe la realidad sobre la cual está enfocada. Esa realidad es también la materialización de un estado particular de la mente, proyectado al exterior. Podemos aprender la manera de encontrar otras realidades, alterando la posición de la conciencia dentro de la propia mente.
Lo primero que necesitamos hacer es familiarizarnos con el funcionamiento de nuestra propia conciencia, cuando está orientada hacia el mundo físico. No podremos saber cuando estaremos enfocados en otra realidad, si no nos damos cuenta de lo que sentimos cuando estamos enfocados totalmente en nuestra propia realidad.
Cuando soñamos despiertos, nos alejamos ligeramente de nuestra estación base, pero seguimos ligados a ella. Generalmente no le prestamos atención a nuestra propia experiencia subjetiva, cuando la conciencia, por cortos períodos de tiempo, deja su enfoque sobre esta realidad.
Si llevamos una cámara fotográfica y tomamos fotos de lo que encontramos mientras caminamos o charlamos con amigos, habremos conservado imágenes de las actividades del día. La película de la cámara mostrará las fotos tomadas en determinado día. En las fotos de ese día, no aparecerán fotos del pasado o del futuro.
En el mundo del sueño, el fotógrafo encontrará una situación totalmente diferente, ya que allí la conciencia puede captar escenas de tiempos totalmente diferentes, de la misma manera como el fotógrafo, en la realidad física, toma fotos de diferentes lugares. Si no nos damos cuenta de esto, el álbum de fotografías del sueño no tendrá sentido.
En el estado de vigilia experimentamos con ciertos eventos como reales y estos son generalmente los únicos que captará el fotógrafo ordinario. El mundo del sueño presenta una categoría de eventos mucho más amplia. Algunos de ellos aparecerán posteriormente como eventos físicos, mientras que otros, igualmente válidos, no aparecerán. En otras palabras, la cámara del sueño captará también eventos probables.
Cuando despertamos, con una foto del sueño en la mente, puede parecernos sin sentido al no estar de acuerdo con el orden de actividades que reconocemos normalmente. Podemos tomar una decisión particular con la conciencia física en vigilia y esa decisión producirá ciertos eventos. Utilizando una cámara del sueño, con alguna práctica, podemos descubrir la historia de la mente y encontrar las decisiones probables experimentadas en el sueño. Ellas sirven como base sobre las cuales tomamos las decisiones en la vida física. Se necesita cierta habilidad especial para aprender a interpretar las fotos contenidas en este álbum del sueño. Si queremos comprender la vida física, disponiendo de unas pocas fotos tomadas en diferentes lugares, en diferentes tiempos, tendremos una idea muy poco clara de la naturaleza de la realidad física. Se aplica lo mismo a la realidad del sueño, ya que los sueños que recordamos son como fotos instantáneas tomadas en condiciones muy variables. Una sola foto no nos dice la historia completa. Necesitamos hacer una descripción escrita de cada escena del sueño y llevar un registro continuo de ellas, ya que nos proporcionarán el conocimiento de nuestra propia mente y de la realidad desconocida en la cual tiene su existencia.
Cuando tomamos una fotografía física necesitamos saber como trabaja la cámara. Debemos saber como enfocar, como hacer énfasis en las cualidades particulares que deseamos registrar y como evitar influencias no necesarias. Conocemos la diferencia entre las sombras y los objetos sólidos que las producen. No podemos confundir las sombras con los objetos, aunque sabemos que las sombras son reales.
Haciendo uso de una analogía, debemos decir que los pensamientos y los sentimientos también producen sombras, a las que vamos a llamar alucinaciones, que tienen especial validez. Ellas juegan un papel importante en la realidad del sueño, tienen su belleza y se suman a la imagen total. En el mundo físico, la sombra de un árbol refresca el lugar y afecta el entorno. De la misma manera, las alucinaciones alteran el entorno de una manera diferente y en otro nivel de realidad. En el mundo del sueño, las alucinaciones son como sombras conscientes. No son pasivas, su forma no depende de su origen y tienen sus propias habilidades.
En el mundo físico, un árbol puede proyectar su sombra sobre el suelo. Esta sombra se moverá de acuerdo con el más pequeño movimiento de una de sus hojas, pero su libertad de movimiento lo determinará el movimiento del árbol. La sombra de la hoja se moverá cuando la hoja se mueva.
En el mundo del sueño, la sombra del árbol, una vez proyectada, tendrá la libertad de seguir su propio camino. Quienes ya están familiarizados con la realidad interior, no tendrán ninguna dificultad en distinguir el árbol del sueño de su sombra, como tampoco la tiene el fotógrafo del mundo físico en distinguir el árbol de su sombra sobre el piso.
Al viajero del sueño, que recorre el paisaje con su cámara mental, le va a tomar un tiempo distinguir entre los eventos del sueño y sus sombras o alucinaciones. Puede estar tomando fotos de las sombras en lugar de los árboles y terminar con un resultado que le dará una visión distorsionada de la realidad interior. Por eso es necesario que aprenda a dirigir y enfocar su cámara del sueño.
En nuestra vida diaria, los objetos tienen sombras y los pensamientos y sentimientos no las tienen. En los viajes del sueño necesitamos recordar que los objetos no tienen sombras y los pensamientos y sentimientos si. Puesto que son más vívidas que las sombras ordinarias y tienen colores más vivos, va a ser muy difícil distinguirlas al principio. Debemos recordar que estamos recorriendo un paisaje mental. En la realidad física no podemos hacer que una sombra se mueva por si sola y no desaparecerá porque se lo pidamos. En el mundo del sueño, las alucinaciones desaparecerán tan pronto las reconozcamos como tales y les digamos que se vayan. Ellas se proyectaron originalmente por nuestros propios pensamientos y sentimientos y, cuando quitamos la fuente, su sombra se habrá ido automáticamente.

miércoles, 15 de agosto de 2007

Como funciona la Mente

Vamos a imaginarnos la mente como un televisor multidimensional viviente, en el que parecen presentarse muchos programas en el espacio pequeño de su pantalla y de los cuales solo podemos ver uno, al tiempo. En cierta forma, todos los demás programas están “latentes” en el que estamos viendo. Existen coordenadas que los unen a todos. Existe un intercambio invisible entre un programa y el otro. La acción que se presenta en un programa, afecta la acción de todos los otros.
De la misma manera como funciona este televisor multidimensional imaginario, la mente contiene dentro de sí otros programas, además de este en que estamos actuando, con sus argumentos, entornos y situaciones. Teóricamente, estamos en capacidad de cambiarnos de programa, si sabemos como hacerlo, tan fácilmente como cuando nos cambiamos de un cuarto a otro. Debemos saber que existen esos otros programas, porque de otra manera no se nos ocurriría siquiera pensar que tal acción es posible. En términos más amplios, todos los programas son apenas partes de un programa general en el cual los distintos escenarios son reales y los actores están vivos.
Los actores que están actuando están vivos, como actores, pero en la trama, los personajes representados por los actores no lo están, de la misma manera como los actores. En la mente y en su más grande realidad, los actores tienen sus propias vidas, tan reales como las de los actores.
Pensemos nuevamente en la mente, tal como lo hemos mencionado, dando por sentado que el programa que presenta ahora la pantalla del televisor es una realidad dimensional completa en la que, de alguna manera, escondidos en los elementos, están otros programas que la pantalla no muestra. Estos programas no están ubicados en orden detrás del programa frontal, sino que este los contiene de una manera totalmente diferente.
En determinado momento, la pantalla puede presentar una imagen en la que aparece un sombrero sobre una mesa. Cada uno de los que actúan en la escena, está viendo el sombrero y la mesa, y reacciona de acuerdo con sus características individuales. El sombrero y la mesa, con todos los elementos de realidad de la escena, sirve como un punto de referencia diferente para los otros programas que se están presentando simultáneamente. En otro programa, digamos el programa No.2, la configuración total del sombrero y la mesa no tiene sentido, pero se interpreta de una manera totalmente diferente y desde una perspectiva distinta. En el programa No.2, la mesa puede ser un sitio plano natural y el sombrero una rara estructura colocada sobre el, ambos naturales y no manufacturados. Los objetos en nuestra realidad tienen un aspecto totalmente diferente en otra realidad. Todos los objetos que se presentan en el programa que estamos viendo, se pueden estar utilizando como puntos de referencia diferentes en otra realidad, en la que esos objetos aparecen como otra cosa.
En los términos de la mente, cada pensamiento y cada acción existen, no solo de la manera en que los vemos familiarmente, sino en otras formas que no percibimos. Estas formas pueden aparecer como eventos naturales en dimensiones diferentes a la nuestra: como imágenes del sueño o como energía. La energía nunca se pierde. La energía dentro de los pensamientos no se disipa, aún cuando hayamos terminado con ellos. Su energía tiene realidad en otros mundos.
Regresemos a la pantalla de televisión e imaginemos que ahora exhibe nuestro propio universo. La idea del viaje espacial es la de enviar una nave desde nuestro planeta, la tierra, hacia el espacio que percibimos en la pantalla “plana”. Aún teniendo en cuenta la tecnología proyectada, se requieren inmensos elementos de tiempo. Ir al espacio significa viajar atrás en el tiempo. El tiempo nos parecerá que fluye desde el momento de la percepción, el ahora privado y el ahora masivo, que representa el ahora de nuestro planeta. Desde ese “ahora”, el tiempo fluye en todas las direcciones probables. En realidad, fluye también hacia el interior, en todas las direcciones posibles. El cuadro del universo que vemos en la pantalla, representa una observación desde nuestra perspectiva del “ahora”. Pero cada estrella, planeta, galaxia, etc., están formados por otros puntos de referencia, en los cuales los mismos patrones tienen diferente tipo de realidad. El viaje espacial verdadero debe ser un viaje en el espacio-tiempo, en el cual aprendemos a utilizar puntos de nuestro propio universo como “guías dimensionales” que puedan servir como puntos de entrada a otros mundos. De otra manera, estaremos simplemente volando como una mosca alrededor del televisor, intentando llegar a la fruta que muestra la pantalla y preguntándonos, asombrados, porque no podemos hacerlo.
Utilizamos un enfoque principal en nuestra realidad. En el mundo exterior, esto significa que tenemos una vista clara. El programa físico, es este en el que estamos actuando, en el que estamos viviendo y es el que muestra la pantalla. La pantalla es la parte de nuestra mente en la cual estamos enfocados, en la que estamos concentrados. No solo nos sintonizamos con la imagen, sino que también creamos los elementos de la escena, la historia de la vida y de los tiempos. Nosotros mismos estamos dentro de la escena.
El tipo de realidad así creada por la conciencia, forma un determinado tipo de experiencia, válida y real. Cuando deseamos viajar, lo hacemos dentro de las dimensiones de la realidad así creada. Cuando viajamos de una ciudad a otra, no consideramos el viaje como imaginario, estamos explorando las dimensiones dadas.
Existen coordenadas del espacio-tiempo que operan desde nuestro punto de vista. El viaje espacial, desde el punto de vista de nuestro tiempo, hecho a lo largo del eje de nuestro espacio, será un procedimiento relativamente estéril.