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jueves, 14 de junio de 2007

Cómo los pensamientos forman la Materia

Cuando leemos las páginas de un libro, nos damos cuenta que la información que estamos recibiendo no es un atributo de las letras o las palabras mismas. Las líneas impresas no contienen información. Transmiten información. Entonces, donde está la información que se está transmitiendo, si no está en las páginas?
Nos podemos hacer la misma pregunta cuando leemos un periódico o cuando hablamos con otra persona. Las palabras transmiten información, sentimientos o pensamientos. Obviamente los pensamientos o los sentimientos y las palabras no son la misma cosa. Las letras que aparecen en la página son símbolos y nos hemos puesto de acuerdo sobre los distintos significados conectados con ellas. Sin pensarlo, damos por sentado que los símbolos, las letras, no corresponden a la realidad, no son la información o los pensamientos que intentan transmitir.
De la misma manera, podemos decir que los objetos son también símbolos que representan una realidad cuyo significado, los mismos objetos, como las letras o las palabras, transmiten. La verdadera información no está en los objetos, de la misma manera como los pensamientos no están en las letras y las palabras. Estas son métodos de expresión. Los objetos también son métodos de expresión en un tipo diferente de medio. Estamos acostumbrados a expresarnos directamente a través de las palabras. Podemos oírlas cuando nos expresamos. Sentimos como se mueven los músculos de la garganta y, si somos perspicaces, percibimos una buena cantidad de reacciones dentro de nuestro cuerpo, acciones todas que acompañan nuestro discurso.
Los objetos físicos son el resultado de otra clase de expresión. Creamos los objetos de la misma manera como creamos las palabras. No quiere decir que los creamos exclusivamente con las manos, manufacturándolos. Los objetos son subproductos naturales de la evolución, como son las palabras. Examinemos por un momento lo que sabemos de nuestro discurso. Oímos nuestras palabras y reconocemos que son las apropiadas y que ellas corresponden más o menos a los sentimientos que expresamos, pero ellas no son los sentimientos.
La familiaridad de nuestro discurso se empieza a desvanecer cuando nos damos cuenta que al iniciar una frase no sabemos exactamente como la vamos a terminar, ni como formamos las palabras. Conscientemente no sabemos como manipulamos una gran cantidad de símbolos y como escogemos precisamente los que necesitamos para expresar un pensamiento. Tampoco tenemos idea de porque pensamos. Tampoco sabemos como traducimos los símbolos de las páginas de un libro en pensamientos para luego guardarlos y hacerlos nuestros. De la misma manera como desconocemos los mecanismos para hablar, tampoco sabemos como realizamos otras tareas mucho más complicadas, como la constante creación de nuestro entorno físico, como un método de comunicación y de expresión.
Es desde este punto de vista que la naturaleza de la materia física puede entenderse. Solo comprendiendo la naturaleza de esta permanente transformación de pensamientos y deseos en objetos físicos que nos daremos cuenta de nuestra independencia de circunstancias, tiempo y entorno. Cuando sepamos que es un método de expresión, nos liberaremos del apego a las formas físicas y seremos conscientes de nuestra creatividad.

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