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domingo, 9 de marzo de 2008

Creamos Nuevos Mundos

En el momento de su despertar, el hombre experimentó cierta sensación de separación con su cuerpo del sueño, con su propia realidad interior, con el mundo de sus sueños, pero estaba más consciente de su existencia subjetiva de lo que estamos nosotros ahora.
La naturaleza práctica de sus propios sueños también era más evidente, ya que sus sueños le enviaban visiones precisas de los lugares en donde la comida se podía encontrar. Por muchos siglos hubo migraciones humanas, del mismo tipo de las que vemos ahora en los gansos. Todos esos viajes seguían rutas recibidas como información en el estado del sueño.
El hombre empezó a identificarse más y más con su entorno exterior. Comenzó a considerar su ego interior casi como si fuera un extraño para él mismo y lo convirtió en su versión del alma. Pareció existir entonces una dualidad: un ser que actuaba en el universo físico y un alma o espíritu separado que actuaba en el mundo no material.
Este hombre primitivo consideraba la serpiente como la más sagrada, la más básica, la más secreta, la más sabia de todas las criaturas. En aquellas experiencias primitivas parecía que la serpiente era una parte viviente de la tierra, que surgía de sus entrañas, de la fuente oculta de todos los dioses de la tierra. El hombre observaba a las serpientes surgiendo de sus cuevas con admiración. La serpiente era a la vez un símbolo masculino y femenino. Parecía surgir de la matriz de la tierra y poseer la sabiduría secreta de la tierra. Pero también, en su forma extendida particularmente, era el símbolo del pene. Era también importante porque se desprendía de su piel, de la misma manera como el hombre sabia íntimamente que se desprendería de su cuerpo.
Todas las unidades de conciencia, cualquiera que sea su grado, tienen propósito e intención. Han sido dotadas con el deseo de la creatividad y con el deseo de aumentar la calidad de la existencia. Tienen la capacidad de responder a muchísimas señales. Existe una gran elasticidad para la acción y la movilidad, ya que en el hombre su experiencia consciente puede juntarse en casi un ilimitado numero de formas.
Los egos internos y externos no tienen una relación cementada, sino que se relacionan el uno con el otro de maneras casi infinitas, preservando la realidad de la experiencia física, pero con énfasis diferentes puestos sobre ella por áreas internas de la vida subjetiva. Aun los hechos escuetos de la historia son experimentados de una manera totalmente diferente, según el contenido simbólico en los que ellos están inmersos inevitablemente. La guerra, por ejemplo, la podemos experimentar como un desastre criminal, como un triunfo del salvajismo, o como una victoria sublime del espíritu humano sobre el mal.
A propósito de la guerra, podemos decir que el hombre no está dotado básicamente con “características guerreras.” El hombre no asesina de manera natural. De manera natural no busca destruir su propia vida, o la vida de los demás. No hay una batalla por la supervivencia, pero mientras proyectemos tal idea sobre la realidad natural, veremos de esa manera la naturaleza y nuestras propias experiencias con ella.
El hombre tiene un instinto y un deseo de vivir, y también tiene un instinto y un deseo de morir. Lo mismo se aplica a todas las otras criaturas. En su vida, cada hombre se ha embarcado en una aventura cooperativa con su propia especie y con las otras especies. Al morir, está actuando de manera cooperativa, retornando su sustancia física a la tierra. En términos físicos, el “propósito” del hombre es contribuir a enriquecer la calidad de la existencia en todas sus dimensiones. En términos espirituales, su “propósito” es comprender las cualidades del amor y la creatividad, comprender intelectual y psíquicamente las fuentes de su ser, y crear amorosamente otras dimensiones de realidad que en la actualidad desconoce. Al pensar, y con la calidad de sus pensamientos, con su movimiento, el hombre está experimentando con una realidad única y nueva, esta formando otros mundos subjetivos, que a su turno se convertirán en conciencias que florecerán desde la dimensión del sueño hasta formar otras dimensiones. El hombre está aprendiendo a crear nuevos mundos y para hacerlo ha tomado muchos retos.
Todos nosotros tenemos parientes físicos. Algunos de nosotros tenemos hijos físicos, pero “algún día” también seremos los “parientes mentales” de hijos del sueño que despertarán en un nuevo mundo, los miraremos por primera vez sintiéndose aislados, asustados y triunfantes, todo a la vez. Todos los mundos tienen un comienzo interior. Todos nuestros sueños en alguna parte despiertan y, cuando lo hacen, despiertan con su propio deseo de creatividad. Ellos han nacido con una nueva e inocente intención. Intención que estará en armonía con el universo, con Todo Lo Que Existe. Intención que tiene un ímpetu innato que disolverá todos los impedimentos. Es mucho más fácil para la naturaleza florecer que no hacerlo.

jueves, 6 de marzo de 2008

La Luz

Como lo hemos visto, existe un universo psicológico interno, del cual surge el nuestro. Ese universo interior es también la fuente de la Estructura 2. Es responsable por todos los efectos físicos y está detrás de todas las “leyes” físicas.
No se trata solamente de que este universo interior sea diferente al nuestro, sino que cualquier explicación práctica de su realidad requiere del nacimiento de una nueva física, y su desarrollo necesita, primero que todo, del nacimiento de una nueva filosofía. Como podemos ver, la física no esta en primer lugar.
No se trata de decir que estos desarrollos estén mas allá de la capacidad del hombre, sino que involucran manipulaciones imposibles de hacer, para todos los propósitos prácticos, desde el punto de vista presente del hombre. Teóricamente, el hombre se podría mover a un punto de vista mejor y más ventajoso en un instante, hablando en términos relativos, pero por ahora debemos utilizar analogías en gran medida. Estas analogías pueden conducir a un mejor punto de vista, de tal manera que ciertos saltos serán posibles, pero no serán saltos del intelecto, sino saltos de la voluntad y la intuición, fundidos y enfocados.
La luz que conocemos es, a su manera, un aporte de aquel otro universo interior. En nuestro mundo, la luz tiene ciertas propiedades y límites. Es percibida físicamente por los ojos y, en un grado mucho menor, por la misma piel. En nuestro mundo la luz proviene del sol. Siempre ha sido una fuente externa y en nuestro mundo la luz y la oscuridad aparecen como opuestos. La explicación no es fácil, en nuestros términos, pero digamos que la luz existe dentro de la oscuridad. La luz tiene más manifestaciones que su versión física, de tal manera que cuando no puede manifestarse físicamente, la luz está por todas partes. Esa luz es la fuente de nuestra versión física y de sus leyes físicas. Para decirlo de alguna manera, la luz misma forma la oscuridad. Cada unidad de conciencia, cualquiera que sea su grado, está compuesta de energía, y esa energía se manifiesta con un tipo de luz que no se percibe físicamente. Es una luz que es mucho más intensa que cualquier otra variedad física y es una luz de la que emergen todos los colores.
Los colores que conocemos representan una muy pequeña parte del espectro total de la luz, hablando en términos físicos, pero el espectro que reconocemos solamente representa una inconcebible pequeña parte del espectro total, espectro que existe por fuera de las leyes físicas.
Los llamados espacios vacíos, los que existen en nuestra habitación entre los objetos, o los aparentes espacios vacíos entre las estrellas, son representaciones físicas, pero erróneas, ya que todo el espacio esta lleno de las unidades de conciencia, vivas, con una luz de la que se encienden los propios fuegos de la vida.
Los sentidos físicos tienen que dejar por fuera estas percepciones. La luz a la que nos referimos esta por todas partes al tiempo, y es una luz con conocimiento.
En ciertas ocasiones, a veces cerca del momento de la muerte y con frecuencia en estados conscientes por fuera del cuerpo, el hombre está en capacidad de percibir este tipo de luz. Algunas personas, en experiencias por fuera del cuerpo, han visto colores más deslumbrantes que los colores físicos. Otras personas ven este tipo de colores en los sueños. Ellos son parte del espectro mayor de percepción de los sentidos internos. En el estado del sueño no se utilizan los sentidos físicos en absoluto. Los sentidos internos representan los verdaderos poderes de la percepción. Representan el “equipo” natural de la percepción no física.
Los sentidos internos operan básicamente juntos, de tal manera que sería bastante difícil separar uno de los otros. Funcionan con un ordenamiento espontáneo perfecto. En este universo psicológico es posible para algunas entidades “estar en todas partes al tiempo” y estar enteradas de todo al tiempo. Nuestro mundo esta compuesto por tales “entidades”, que son las unidades de conciencia que forman nuestro cuerpo. Los tipos de mentes conscientes de que disponemos no pueden tener este tipo de información.

lunes, 3 de marzo de 2008

El Jardín del Edén

El Jardín del Edén representa una versión distorsionada del despertar del hombre como criatura física. Llega a ser totalmente operacional en su cuerpo físico y, mientras está despierto, apenas puede sentir el cuerpo del sueño que anteriormente había sido tan real para él. Ahora encuentra su existencia dentro de un cuerpo que debe ser alimentado, vestido y protegido de los elementos, un cuerpo que está sujeto a la gravedad y a las leyes de la tierra. Debe usar sus músculos físicos para caminar de un lugar a otro. De pronto se ve a sí mismo, en un instante de comprensión, existiendo por primera vez separado de su entorno y separado de todas las otras criaturas de la tierra.
La sensación de separación, inicialmente, es casi estremecedora. Sin embargo, el hombre es la parte de la naturaleza que se ve a sí mismo con perspectiva. Es la parte de la naturaleza que se especializará en la utilización auto consciente de los conceptos. El hombre hará crecer la flor del intelecto, la flor que deberá tener sus profundas raíces enterradas con seguridad dentro de la tierra, la flor que enviará nuevas raíces psíquicas al exterior, no solo para sí misma, sino para el resto de la naturaleza, de la cual forma parte.
El hombre miró al exterior y se sintió súbitamente separado y asombrado por su soledad. Ahora necesitaba encontrar alimento, cuando antes su cuerpo del sueño no necesitaba alimentarse físicamente. Anteriormente, no había sido hombre ni mujer, tenía las características combinadas de los dos, pero ahora los cuerpos físicos también se especializaban en términos de sexualidad. El hombre tenía que procrear físicamente. Algunas leyendas antiguas hacen énfasis de manera muy clara en esta repentina división sexual. Por la época en que la leyenda Bíblica apareció, los eventos históricos y las creencias sociales se habían transformado en la versión de eventos conocida como Adán y Eva.
Por una parte, el hombre en realidad sintió que había caído desde un estado superior, porque recordaba la libertad anterior de la realidad del sueño, realidad en la que las otras criaturas permanecían inmersas, hasta cierto grado. Ya en ese momento la mente del hombre tenía todas las habilidades que ahora le asignamos: la gran capacidad para contrastar la imaginación y el intelecto, la inclinación a la objetividad y la subjetividad, la capacidad total para el desarrollo del lenguaje, una mente aguda, que era tan brillante en el hombre de las cavernas como lo es ahora en cualquier hombre de la calle moderna.
Si el hombre se sintió solitario y aislado, también se impresionó por la gran variedad del mundo y sus criaturas. Cada criatura distinta de sí mismo era un nuevo misterio. También estaba encantado con su propia realidad subjetiva, con el cuerpo en el que se encontraba, con las diferencias entre él mismo y otros como él y con las otras criaturas. Inmediatamente comenzó a explorar, categorizar, señalar y nombrar a todas las otras criaturas de la tierra, cuando llegaban a su atención.
En cierta forma, se trató de un gran juego cósmico y creativo que la conciencia jugó consigo misma, el que representó un nuevo tipo de entendimiento. Cada versión de Todo Lo Que Existe es única. Cada una tiene su propósito, aunque ese propósito no puede ser definido fácilmente por nosotros. Muchas personas se preguntan: ¿”Cuál es el propósito de mi vida?”. Que quiere decir: ¿Cuál es el significado de lo que hago?. El propósito de la vida, de cada vida, está en ser. Ser incluye ciertas acciones, pero los actos mismos son importantes solamente cuando surgen de la esencia de nuestra vida, que por ser está obligada a cumplir sus propósitos.
El cuerpo del sueño del hombre aun esta con él, pero el cuerpo físico ahora lo obscurece. El cuerpo del sueño no puede lastimarse, mientras el cuerpo físico sí. El hombre se dio cuenta rápidamente de esto cuando transformó su experiencia de un cuerpo al otro. En el cuerpo del sueño el hombre no temía a nada. El cuerpo del sueño no muere. Existe antes y después de la muerte física. En sus cuerpos del sueño, los hombres han observado el espectáculo de animales “matando” otros animales y viendo los cuerpos del sueño de esos animales surgir indemnes.
Los hombres vieron que la tierra simplemente cambiaba sus formas, pero que la identidad de cada unidad de conciencia sobrevivía, de tal manera que aunque vieron ese cuadro de la muerte, no la reconocieron como la muerte que ahora, para muchas personas, parece ser el fin inevitable.
Los hombres vieron que debía haber un intercambio de energía física para que el mundo continuara. Observaron el drama del “cazador” y su “presa”, en el que cada animal contribuía para que la forma física de la tierra pudiera continuar. Vieron que el conejo devorado por el lobo sobrevivía en su cuerpo del sueño, que ellos sabían era su forma verdadera. Cuando el hombre “despertó” en su cuerpo físico y se especializó en el uso de sus sentidos físicos, ya no pudo percibir la liberación del cuerpo del sueño del animal muerto, escapando y aun corriendo sobre el lomo de la montaña.
El hombre retuvo el recuerdo de su conocimiento anterior y por mucho tiempo pudo, de vez en cuando, recuperarlo. Poco a poco fue más consciente de sus sentidos físicos. Algunas de las cosas que percibía eran placenteras y otras no. Algunos estímulos se podían buscar y otros evitar. De esta manera, después de cierto tiempo, tradujo lo placentero y lo desagradable en las versiones burdas del bien y el mal.
Básicamente, lo que lo hacia sentir bien era bueno. Había sido dotado con fuertes y claros instintos que tenían el propósito de conducirlo hacia su mayor desarrollo propio, a su mayor realización, de tal manera que también ayudó a obtener los más altos potenciales de todas las otras especies de conciencias. Sus impulsos naturales tenían el propósito de darle directivas internas que pudieran guiarlo en la dirección precisa, de forma tal que buscara lo mejor para él mismo y para todos los demás.

viernes, 29 de febrero de 2008

El Despertar

Mientras los hombres solamente tenían los cuerpos del sueño, gozaban de una libertad notable, ya que esos cuerpos no tenían que ser alimentados o vestidos. No tenían que operar bajo la ley de la gravedad. Los hombres podían vagar según querían al rededor del paisaje. Todavía no se identificaban en mayor grado como seres separados de su entorno y de otras criaturas. Sabían que eran ellos mismos, pero sus identidades no estaban tan estrechamente aliadas con sus formas, como ocurre ahora.
El mundo del sueño estaba destinado a despertar, ya que ese era el curso que se había impuesto. Este despertar sucedió espontáneamente, pero con su propio ordenamiento. Las otras criaturas de la tierra despertaron antes que el hombre y, en términos relativos, sus cuerpos del sueño se convirtieron en cuerpos físicos antes que el hombre. Los animales se tornaron físicamente activos, mientras, hasta cierto grado, el hombre permanecía en la realidad del sueño.
Las plantas despertaron antes que los animales. Hay razones para los diferentes grados del “despertar”, que básicamente no tienen nada que ver con la diferenciación de las especies definida por la ciencia desde el exterior, sino que tienen que ver con las afiliaciones internas de la conciencia y con las especies y familias de la conciencia. Esas afiliaciones se realizaron en la medida en que todas las conciencias que se habían embarcado en la realidad física se dividieron. Se trató de un casi inimaginable logro creativo, que sería responsable por el mundo físicamente efectivo.
El entorno, tal como lo concebimos, está compuesto por conciencias vivientes. Las religiones antiguas hablan de los espíritus de la naturaleza, términos que representan recuerdos de la prehistoria. Parte de la conciencia se transformó en lo que concebimos como la naturaleza, la inmensa extensión de los continentes, los océanos y los ríos, las montañas y los valles, el cuerpo de la tierra. El empuje creativo del mundo físico debía surgir de esa estructura viviente..
En cierta forma, las aves y los insectos son en realidad porciones vivientes del vuelo terrenal, así como los osos, los coyotes, las vacas y los gatos, representan la tierra convertida en criaturas que viven sobre su propia superficie. Y en cierta forma, también el hombre se convierte en el pensamiento terrenal. Pensando sus propios pensamientos, el hombre, a su manera, se especializa en la labor consciente del mundo, labor de la que depende la indispensable labor “inconsciente” del resto de la naturaleza, la misma naturaleza que lo sostiene. Cuando el hombre piensa, piensa por los microbios, por los átomos y moléculas, por las más pequeñas partículas dentro de su ser, por los insectos y por las rocas, por las criaturas del cielo, del aire y de los océanos.
El hombre piensa de una manera tan natural como vuelan los pájaros. Observa la realidad física, por el resto de la realidad física. El hombre es la tierra que llega a la vida para verse a sí misma a través de ojos conscientes.

martes, 26 de febrero de 2008

Los Estados del Sueño y de Vigilia

El estado de vigilia, tal como lo concebimos, es una extensión especializada del estado del sueño y de él surge a la superficie de nuestra conciencia, de la misma manera como nuestros lugares físicos son extensiones de lugares que primero existen dentro del reino de la mente.
El estado de vigilia tiene entonces su fuente en el estado del sueño y todos los objetos, el entorno y la experiencia que nos son familiares en el estado de vigilia también se originan en esa dimensión interior.
Cuando examinamos el estado del sueño, lo hacemos normalmente desde la estructura del estado de vigilia. Tratamos de medir la dimensión de la experiencia del sueño aplicando las normas de la realidad que son nuestro criterio usual para juzgar los eventos. Por consiguiente, no estamos en capacidad de percibir las verdaderas características del estado del sueño, a excepción de aquellas pocas ocasiones cuando “nos despertamos” en medio del sueño. En cierta forma, es verdad decir que el universo fue creado de la misma manera como suceden nuestros sueños y pensamientos: espontáneamente, pero con un asombroso orden incorporado y con una organización interna. Pensamos nuestros pensamientos y soñamos nuestros sueños sin un conocimiento claro de los procesos increíbles que están involucrados. Esos procesos son los mismos que soportan la existencia del universo mismo.
De igual manera, podemos decir que nosotros mismos somos los antiguos soñadores que soñamos el mundo para convertirlo en realidad. Esto no quiere decir que somos pasivos, soñadores fugaces, perdidos en alguna mente divina, sino que somos las manifestaciones creativas de una inteligencia divina, cuya creatividad es la responsable por todas las realidades, las que a su vez están dotadas con habilidades creativas propias, con el potencial y el deseo para la realización. En realidad somos herederos de los mismos procesos divinos.
Todas las partes del mundo se juntan espontáneamente, con un ordenamiento que básicamente desafía las más pequeñas leyes de causa y efecto, o de antes y después. El estado del sueño nos presenta muchos indicios acerca de la fuente de nuestras propias vidas y la de nuestro mundo.
Los computadores, aunque grandiosos y complicados, no pueden soñar y, a pesar de sus increíbles bancos de información, carecen del tipo de conocimiento inexpresado que posee la más pequeña planta o semilla. Tampoco ninguna información masiva, contenida o procesada por cualquier computador, puede compararse con el conocimiento inexpresado que tienen los átomos y moléculas que componen esos instrumentos. El computador no esta equipado para percibir ese tipo de conocimiento. No esta equipado para tal procedimiento porque no puede soñar. En los sueños, el conocimiento innato de átomos y moléculas, combinado y traducido, sirve como base a la información perceptual y al conocimiento desde el cual el estado del sueño surge en su forma física.
Estamos subjetivamente “vivos” desde antes de nuestro nacimiento y estaremos subjetivamente vivos después de la muerte. Nuestra vida subjetiva es interpretada a través del estado de conciencia especializado que llamamos vigilia, en el cual solo reconocemos como reales las experiencias que están limitadas por ciertas coordenadas de espacio y tiempo. Nuestra realidad mayor existe por fuera de esas coordenadas, lo mismo que la realidad del universo. Creamos vidas para nosotros, cambiándolas en el proceso, de la misma manera como un escritor puede cambiar un libro, alterar las circunstancias, o modificar el argumento. El escritor sabe que puede crear sin comprender el orden espontáneo con el que sucede la creatividad. Los procesos ocurren a otro nivel de la conciencia.
De la manera más básica, el mundo es formado de adentro hacia afuera, y desde la realidad del sueño hacia la realidad física y esos procesos suceden a otro nivel de la conciencia.

sábado, 23 de febrero de 2008

La Creación

Nuestro mundo no fue creado por un Dios exteriorizado y objetivizado que lo creó desde el exterior y lo puso en movimiento. Muchas teorías religiosas creen que este Dios creó el mundo de tal manera y que el proceso de decaimiento empezó casi desde el mismo momento hipotético en que la creación terminó.
Esta idea es bastante parecida a las ideas científicas que ven el universo extinguiéndose, su energía disipándose y su orden gradualmente desintegrándose en el caos. Ambas versiones conciben una creación que ya terminó, aunque la una corresponde a una producción divina y la otra es el resultado de la casualidad.
Vamos a hablar de una creación constante, que debe ser explicada en términos seriales. Estamos discutiendo sobre un modelo de universo en el que la creación es continua, que está ocurriendo espontánea y simultáneamente por todas partes, en una especie de presente espacioso del cual emergen todas las experiencias con el tiempo. En este modelo siempre hay nueva energía y todos los sistemas están abiertos, aunque parecen operar separadamente. Estamos considerando un modelo de universo que está basado en la cooperación activa de cada una de sus partes, cada una de las cuales, de una u otra manera, también participa en la experiencia del todo.
En este modelo, los cambios de forma son el resultado de una síntesis creativa. Este modelo se ve como teniendo su origen dentro de una inmensa, infinita y divina subjetividad, la que está dentro de cada unidad de conciencia, cualquiera que sea su grado. Una subjetividad divina que está dentro de la creación misma, una creación multidimensional de tales proporciones que ella es la creadora y sus creaciones al mismo tiempo.
Este proceso psicológico divino, mejor aun, este estado de relación divino, forma desde su propio ser mundos dentro de mundos. Nuestro universo no es el único. Nada existe aislado en la naturaleza y la misma existencia de nuestro universo presupone la existencia de otros. Estos universos fueron, son y serán creados de la misma manera, y todos los sistemas son abiertos, aunque operacionalmente pueda parecer que no lo son.
Existe un numero infinito de secuencias activadas impecablemente que hacen posible la existencia de nuestro propio mundo. A veces parece inconcebible que un ser humano pueda imaginar que su mundo no tiene sentido, ya que la misma existencia del cuerpo humano indica una cooperación molecular y celular casi increíble, que muy difícilmente podría ser el resultado de las más auspiciosas obras del azar.
Nuestro universo y todos los demás universos surgen de una dimensión que es la fuente creativa de todas las realidades, un universo del sueño básico, una base psicológica divina, en donde el ser subjetivo es iluminado, estimulado y penetrado por su propio deseo infinito de creatividad. La fuerza de su poder es tan grande que sus imaginaciones se convierten en mundos y está dotado con una creatividad de tal esplendor que busca su mejor realización, ya que el más pequeño de sus pensamientos y todos sus potenciales están orientados por una buena intención que está literalmente mas allá de toda imaginación.
Esa buena intención es aparente dentro de nuestro mundo. Es obvia en las empresas cooperativas que unen los minerales, las plantas y el reino animal. Es obvia en la relación de la abeja y la flor. Nuestras creencias nos cerraron la mente a la naturaleza cooperativa propia del hombre, a su deseo innato de compañerismo, a su inclinación natural a preocuparse por los demás y a su comportamiento altruista.

miércoles, 20 de febrero de 2008

Las Razones del Sufrimiento

A veces nos preguntamos si las condiciones de la vida tienen alguna justificación, cuando en realidad no la necesitan. Nuestras creencias nos impiden adquirir el conocimiento relacionado con la psicología del hombre. Este conocimiento serviría para responder muchas preguntas que usualmente se hacen sobre las razones del sufrimiento. Algunas de esas preguntas son más difíciles de responder. Hombres y mujeres nacen con curiosidad acerca de todas las sensaciones y todas las posibles experiencias de la vida. Están sedientos de experiencias de todo tipo y su curiosidad no esta limitada a lo bonito y mundano.
Hombres y mujeres han nacido con el deseo de ir mas allá de los límites, de explorar en donde ningún hombre ha ido jamás. Hombres y mujeres han nacido con un sentido del drama y con la necesidad de estimulación. La vida misma es estimulante.
Nos olvidamos de nuestras inclinaciones naturales y de nuestros sentimientos y fantasías íntimas cuando nos convertimos en adultos, porque no encajan en el esquema de la clase de persona, o de experiencia, o de especie, que se nos ha enseñado a creer que somos. Como consecuencia, muchos de los eventos de nuestras vidas, que son las extensiones naturales de esos sentimientos, nos parecen extraños, contrarios a nuestros más profundos deseos, como si nos hubieran sido impuestos por agencias externas o por un subconsciente malicioso.
Los pensamientos de los niños nos dan indicios excelentes de la naturaleza de la humanidad, pero muchos adultos no tienen ningún recuerdo de la niñez, a excepción de aquellos que se ajustan, o parecen ajustarse, a sus creencias sobre la niñez.
A los niños les gusta jugar a estar muertos. Tratan de imaginar como es la muerte. Imaginan como sería caer desde un muro alto, o golpeándose seriamente. Los niños imaginan papeles trágicos con la misma creatividad descomplicada con la que imaginarían papeles que los adultos podrían aprobar. Con frecuencia se dan cuenta del deseo de enfermarse para evitar situaciones difíciles y del subsiguiente deseo de recuperarse de nuevo.
Los niños aprenden a olvidar rápidamente su participación en esos episodios, de tal manera que más tarde, cuando como adultos se encuentran enfermos, no solamente olvidan que ellos mismos causaban sus enfermedades, sino que también olvidan, desafortunadamente, como recuperar su salud.
Existen muchas gamas de sufrimiento. En tiempos pasados, aunque la costumbre no ha desaparecido, los hombres purgaban penas, se vestían con ceniza y se golpeaban con cadenas, aguantaban hambre, o incurrían en privaciones por su propia cuenta. En otras palabras, sufrían por el bien de la religión. No se trataba solamente de que creyeran que el sufrimiento era bueno para el alma, lo que puede ser cierto o no, sino que también comprendieron algo más: que el cuerpo resistirá mucho más sufrimiento cuando libera la conciencia. De esa manera esperaban alcanzar el éxtasis religioso.
El éxtasis religioso no necesita el sufrimiento físico como estimulo y tal medio irá en contravía del entendimiento religioso. Estos episodios representan una de las formas en que el hombre puede buscar el sufrimiento como medio para otro fin..
La disciplina es una forma de sufrimiento aplicado, tal como se usa generalmente. A la gente no se le enseña a comprender las grandes dimensiones de su propia capacidad para la experiencia. Es natural que el niño sea curioso acerca del sufrimiento, que desee saber que es, que quiera verlo, y de esta manera aprende a evitar el sufrimiento que no desea, a ayudarle a otros a evitarlo y, principalmente, a comprender los grados de emoción y sensación que son su herencia. Cuando se convierta en adulto, no le infligirá dolor a otros si entiende esto, ya que se permitirá sentir la validez de sus propias emociones.
Si nos negamos la experiencia directa de nuestras propias emociones y en cambio las amortiguamos con una disciplina demasiado estricta, podemos lastimar a otros mucho más fácilmente, puesto que proyectamos nuestro adormecido estado emocional sobre ellos. En los campos de concentración nazis los hombres seguían ordenes, torturaban gente, y eso lo hacían adormeciendo su propia sensibilidad al dolor y reprimiendo sus emociones. La vulnerabilidad del hombre al dolor le ayuda a simpatizar con otros y le ayuda a aliviar más activamente las causas innecesarias de dolor que existen en la sociedad.
Las experiencias de naturaleza dolorosa de cada persona quedan registradas en lo que llamaremos la “mente del mundo”. Cada fracaso, cada desilusión, cada problema no resuelto que conduce al sufrimiento, se convierte en parte de la experiencia del mundo. De esta manera, aun las debilidades o fracasos relacionados con el sufrimiento se pueden resolver, o redimir, en la medida en que se hacen ajustes a la luz de esa información.
En este sentido, cada persona vive su propia vida privadamente, pero también la vive por toda la humanidad. Cada persona ensaya nuevos retos, nuevas circunstancias y nuevos logros, desde un punto de vista único para sí misma y también para toda la humanidad.