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domingo, 18 de noviembre de 2007

El Idealismo Práctico

Muchos de nosotros nos consideramos idealistas, de una u otra forma, por nosotros mismos y por otras personas. Hemos venido presentando esquemas de realidades políticas y sociales que están lejos de ser ideales. Hemos tratado de resaltar muchas creencias que debilitan nuestra integridad personal como individuos y contribuyen a crear los problemas corrientes del mundo masivo.
Muy pocas personas actúan realmente con una intención malvada. Cualquier situación desafortunada en el campo de la medicina, la ciencia, o la religión, no es el resultado de un determinado esfuerzo por sabotear la “idea”, sino que ocurre porque los hombres creen que cualquier medio se justifica en la búsqueda del ideal.
En nuestra sociedad, cuando la ciencia parece traicionarnos, es porque sus métodos no son dignos de su intención. Son tan indignos y tan apartados del propósito primordial de la ciencia, que los métodos mismos casi se convierten en una actitud anticientífica que pasa desapercibida. Lo mismo puede decirse de la medicina, cuando con su propósito meritorio de salvar la vida, sus métodos la conducen a experimentos indignos en los que la vida se destruye, con el propósito de salvar un mayor número de vidas. Superficialmente, estos métodos parecen lamentables pero necesarios, pero implicaciones más profundas superan ampliamente los beneficios temporales, ya que con tales métodos el hombre pierde de vista lo sagrada que es la vida y empieza a tratarla desdeñosamente.
Con frecuencia, condonamos estos actos tan reprensibles, cuando pensamos que ellos se comenten en la búsqueda de un bien mayor. Tenemos la tendencia a concentrarnos directamente en el mal, y a pensar en términos de los “poderes del bien y el mal”, estando convencidos de la fuerza del mal. El mal no existe en esos términos, razón por la cual tanta gente, aparentemente idealista, se puede asociar para ejecutar acciones reprensibles, mientras se dicen a sí mismas que son acciones justificadas por ser métodos para el logro de un buen fin.
Esa es la razón por la que los fanáticos se sienten justificados en sus acciones. Cuando nos permitimos esta manera de pensar, en blanco y negro, tratamos muy pobremente nuestros ideales. Toda acción que no esté de acuerdo con ese ideal, empieza a desentrañar el ideal hasta sus mismas raíces. Tal como lo hemos afirmado anteriormente, si nos sentimos indignos e impotentes para actuar, y si somos idealistas, podemos empezar a sentir que el ideal existe tan lejos en el futuro, que es necesario dar pasos que de otra manera no daríamos para lograrlo. Cuando esto ocurre, el ideal se erosiona. Si queremos ser verdaderos idealistas prácticos, es necesario que cada paso que demos en el camino sea digno de nuestra meta.
El sistema de libre empresa ha permanecido en medio de orígenes extraños. Está basado en la creencia democrática de que cada individuo tiene el derecho de propender por una vida meritoria y equitativa. Pero esto se relacionó muy estrechamente con las ideas de Darwin sobre “la supervivencia del más fuerte”, con la creencia de que cada persona debe buscar su propio bien, a expensas de otros, con la concepción equivocada de que todos los miembros de una especie están en competencia unos con otros y que cada especie está en competencia con cada una de las otras especies.
Las leyes de la oferta y la demanda son interpretaciones equivocadas que tienen como base la creencia en la naturaleza codiciosa básica del hombre. El ideal que hemos mantenido es excelente: el derecho de cada individuo a propender por una existencia equitativa, meritoria y digna. Sin embargo, los medios empleados han ayudado a erosionar ese ideal y la interpretación pública de los principios de Darwin fueron transferidos al área de la economía y a la imagen del hombre como animal político.
La Religión y la Ciencia, por igual, le negaron a las otras especies cualquier tipo de conciencia real. Cuando el hombre hablaba de lo sagrado de la vida, se refería a la vida humana solamente. Nuestra especie no está en competencia con otras especies, ni estamos en una competencia natural con nosotros mismos, ni el mundo natural es, en manera alguna, el resultado de la competencia entre las especies. Si ese fuera el caso, no tendríamos un mundo en absoluto.
Mientras creamos en la competencia, ésta se convertirá no solo en una realidad, sino en un ideal. A los niños se les enseña a competir entre ellos. El niño, de manera natural, compite consigo mismo, con el ánimo de superar sus actuaciones anteriores. La competencia ha sido promovida como un ideal en todos los niveles de actividad. Es como si debiéramos compararnos con otros para ver como lo estamos haciendo. Cuando se nos enseña que no debemos confiar en nuestras propias habilidades, es cuando más necesitamos la opinión de otros. No nos estamos refiriendo a una competencia gustosa y agradable, sino a la competencia decidida, rigurosa, desesperada, y a veces mortífera, en la que los valores de una persona se miden por el número de individuos que ha dejado tendidos a su paso. Esta situación se presenta en la economía, la política, la medicina, la ciencia, y aún en las religiones. Por eso es necesario reafirmar el hecho de que la vida es en realidad una aventura cooperativa.
Como individuos, existimos físicamente por la cooperación biológica que existe entre nuestra especie y todas las demás, y porque a niveles más profundos existen afiliaciones entre las células de todas las especies. La búsqueda y el logro satisfactorio de valores corresponden a una propensión psicológica y física del individuo, que contribuye al mejor desarrollo posible de cada conciencia y de todas las conciencias. Esta propensión opera dentro de la estructura de la materia. Hemos querido resaltar la naturaleza cooperativa de todas las unidades de conciencia dentro de nuestro mundo físico.

jueves, 15 de noviembre de 2007

La Creatividad, las Enfermedades y los Sueños

Hemos venido empleando analogías y, en esta oportunidad, vamos a comparar el paisaje del pintor con el paisaje de la experiencia física. Este paisaje puede ser oscuro, sombrío, lleno de presagios de desastre y, aún así, puede ser una obra de arte. Cada persona pinta su propio retrato en colores vivos. No es un retrato en el que se posa tranquilamente, sino uno que tiene plena capacidad para la acción. Todos los que estamos viviendo ahora, asistimos a la misma clase de la vida. Miramos alrededor para ver como les va a nuestros contemporáneos con sus propios retratos y nos encontramos con una variedad infinita de autorretratos trágicos, heroicos, cómicos. Todos estos retratos están vivos e interactuando, y en la medida que interactúan, forman los eventos planetarios, los eventos colectivos, sociales y políticos, de nuestro mundo.
Estos retratos tienen una realidad biológica. Cada persona obtiene de la misma fuente los elementos para la pintura, elementos de los cuales surge nuestra semejanza. Debe haber una gran libertad de acción creativa para tales retratos. El hecho de que cada uno interactúe con los demás, contribuye a formar la realidad psicológica y física de la especie, así que, de alguna manera, estamos involucrados en la formación de numerosísimos retratos.
Estos retratos son el resultado de una creatividad innata y milagrosa, ya que ellos son creados automáticamente. Es un arte automático. A ciertos niveles, la especie siempre está embarcada de manera creativa en versiones alternativas de sí misma. Los patrones generales van a permanecer y la integridad biológica se va a sostener.
Lo que pensamos que son enfermedades, son en realidad elementos creativos actuando en diferentes niveles y en muchos niveles a la vez. Muchos virus son vitales para la existencia física y solo bajo ciertas condiciones se vuelven virus mortales. El cuerpo más sano contiene en su interior muchos de los llamados virus mortales, en lo que podemos considerar forma inactiva, desde nuestro punto de vista, ya que no están causando ninguna enfermedad. Ellos están ayudando a mantener el balance general del cuerpo. En cierta forma, en cada cuerpo, la especie establece un “status quo” pero, aún así, experimenta de manera creativa en muchos niveles con alteraciones celulares y variaciones en los cromosomas, de manera tal que cada cuerpo es único. Hay varias clases de grados en las líneas y tipos de enfermedad.
Ciertas enfermedades sirven para fortalecer el cuerpo cuando ha estado débil, convocando todas sus defensas. Bajo ciertas condiciones, algunos estados enfermizos pueden servir para asegurar la supervivencia de la especie. No lo hacen desembarazándose de los enfermos, sino introduciendo en determinado número de individuos las condiciones necesarias para estabilizar otras lesiones dentro de la especie que necesitan revisarse, o para “vacunar de manera natural” la especie contra un peligro mayor.
A niveles microscópicos, se llevan a cabo experimentos biológicos, en un esfuerzo creativo por darle a la especie la facilidad necesaria para una actuación efectiva. Recordemos que los pensamientos producen cambios biológicos en el cuerpo.
Nuestra cultura también tiene efectos biológicos sobre la especie. Si estuviéramos pensando en los viejos términos de la evolución, estaríamos diciendo que las culturas y las civilizaciones alteran los mensajes de los cromosomas. Nuestros pensamientos afectan las células y pueden cambiar lo que hemos considerado factores hereditarios. La imaginación está directamente relacionada con las enfermedades, de la misma manera como la imaginación es importante en otras áreas de la vida. Formamos nuestro propio ser utilizando la imaginación para considerar las distintas posibilidades y, en ese sentido, nuestros pensamientos afectan el cuerpo. En cierta forma, la enfermedad es una herramienta utilizada en favor de la vida, ya que la gente le ha dado connotaciones sociales, económicas, psicológicas y religiosas. La enfermedad se convierte en otra área de actividad y de expresión.
A nivel microscópico, no existe la rigidez estructural que tenemos nosotros como personas Existe la identidad. Una célula no teme su propia muerte. Con mucha frecuencia, su identidad ha dejado la realidad física y ha regresado a ella como algo normal. La célula se regocija con la calidad de su propia vida y coopera con otras células. Ella misma se afilia con el cuerpo del cual forma parte y, en cierta forma, ella misma se presta para esa formación.
Los sueños de la especie son muy importantes para su supervivencia, no porque el sueño sea una necesidad biológica, sino porque en el sueño la especie se introduce en niveles de creatividad más profundos, de tal manera que las acciones, los inventos, las ideas, que se van a necesitar en el futuro, aparecerán en el tiempo y en el lugar apropiado. Haciendo uso de los viejos términos de la evolución, se puede decir que el progreso evolutivo del hombre también dependía de sus sueños.
La gran mayoría de las características humanas aparecen, de una u otra manera, en todas las otras especies. La naturaleza de los sueños del hombre fue la responsable, en alto grado, de lo que llamamos la evolución de nuestra especie. Aprendimos a soñar de una manera diferente que las otras criaturas.
Los sueños son los responsables del lenguaje. Soñábamos hablando lenguajes antes de su invención física. Fue la naturaleza de nuestros sueños, y su creatividad, la que hizo de nosotros lo que somos. No habríamos tenido la manera de concebir los objetos que aún no existieran. No habríamos tenido la manera de imaginarnos a nosotros mismos en situaciones nuevas. No habríamos podido tener un esquema general de las estaciones, ya que el sueño educó la memoria y alargó el lapso de la atención del hombre. El sueño reforzó las lecciones de la vida diaria y tuvo mucha importancia en el progreso del hombre.
No fue solo utilizando el intelecto que el hombre aprendió, de la experiencia diaria por muchas generaciones, que una estación seguía a la otra. Vivía muy intensamente el momento para que eso ocurriera. En una estación, el hombre soñaba con las otras. En sus sueños él se vio a sí mismo regando las semillas de los frutos, tal como había visto hacerlo al viento en la vida diaria. Sus sueños le recordaban que el invierno había llegado y que regresaría de nuevo. La gran mayoría de nuestros inventos llegaron en sueños. La naturaleza de nuestros sueños es la que nos diferencia de las otras especies.
La creatividad de la especie es también el resultado del tipo especial y particular de nuestros sueños. Nuestros sueños equivalen a un estado único de existencia, en el cual combinamos los elementos de la realidad física y la realidad no física. Es como un umbral entre dos realidades. Aprendimos a sostener nuestra intención física lo suficiente en ese umbral, para tener un breve lapso de atención en esa otra realidad y utilizarlo para obtener de ella los elementos creativos que necesitábamos.

lunes, 12 de noviembre de 2007

Realización de Valores,Libre Albedrío,Niños Especiales

Cada especie está dotada con sentimientos emocionales y está inmersa en un sistema interior que propende por la realización de sus propios valores. Cada especie, no solo está comprometida con la supervivencia física y la multiplicación de sus miembros, sino con la intensificación y la realización de aquellas cualidades particulares que la caracterizan.
Existen ideales biológicos impresos dentro de los cromosomas y también ideales internos mucho más difíciles de definir, que existen como esquemas mentales para el desarrollo de otro tipo de habilidades. Utilizamos la palabra mental queriendo decir que cada especie posee su propia clase de vida mental interior, en contraposición a las características físicas de las plantas y de los animales con las que estamos familiarizados. Nuestra visión oficial nos aparta de la verdadera evidencia que deberíamos percibir de cooperación entre las especies. No nos referimos a una cooperación forzada, como resultado del “instinto”, que de alguna manera organiza los hábitos sociales de los animales, ya que sus hábitos son en realidad sociales y cooperativos.
La ciencia ortodoxa aún no le concede al hombre su libre voluntad y, de acuerdo con sus dogmas, cualquier sentimiento de elección consciente lo atribuye a una reflexión de la actitud cerebral en determinado momento. El hombre tiene libre albedrío, dentro de la estructura de su existencia, y todas las demás especies también lo tienen, dentro de la estructura de sus existencias.
Una gallina no puede leer un libro. No tiene la opción de leer. Una planta no tiene la opción de caminar en la calle. La gallina y la planta tienen la opción de vivir o morir, un asunto de mucha importancia en la existencia de cada entidad. Pueden tener la opción de que les guste o no les guste su entorno, y de cambiarlo, de acuerdo con sus circunstancias individuales.
Se acostumbra decir que algunas leyes científicas se pueden probar a niveles microscópicos, en donde pequeñas partículas pueden ser aceleradas, mucho más allá de sus estados naturales. Sin embargo, ignoramos que el sentimiento existe a niveles microscópicos y que pueden existir partículas psicológicas. Jamás llegaríamos a la conclusión de que todas las partículas son psicológicas y que tienen su propio empuje hacia el desarrollo y la realización de sus valores. Esa es la razón por la cual los átomos se juntan para formar la materia. Los átomos buscan su propia realización por medido de la forma. De manera cooperativa, los átomos escogen las formas que van a tomar.
Si la más simple de las partículas está dotada con el empuje y los ideales para buscar y lograr su propia realización, qué podríamos pensar en relación con el ser humano?
Tenemos la propensión a buscar sentido, amor, aventuras cooperativas. Tenemos la propensión a formar creaciones mentales y psicológicas, tales como las artes, las ciencias, las religiones, las civilizaciones. Los errores que hemos cometido y las distorsiones en que hemos incurrido, se han presentado por la necesidad de encontrarle un sentido a nuestra existencia personal y a la vida misma.
El científico que cree que la vida no tiene sentido, simplemente se ha dotado a sí mismo con lo que él piensa que es un soporte infalible contra las vicisitudes de la vida. Cuando dice que la vida no tiene sentido, no puede sentirse decepcionado, ya que se ha mimetizado en su propio capullo, que él mismo ha creado y que sí tiene sentido, puesto que le sirve de amortiguador a sus más profundos temores.
Cuando la Psicología se reafirma en “la norma”, hace que la gente se asuste de sus características y habilidades individuales, ya que la norma de la psicología no se ajusta al perfil de ningún ser humano. La psicología no alcanza las alturas y las profundidades de la experiencia humana. La gente se vuelve temerosa de su propia individualidad.
Los niños dotados no se ajustan al esquema de la psicología. Los niños dotados no corresponden a la imagen de los niños que se les vende a los padres. El hecho es que los niños dotados, simplemente, demuestran la vivacidad latente, la agilidad mental, la curiosidad y la capacidad para aprender que es inherente a la especie. Ellos no son una versión excéntrica de la humanidad, sino que sirven como una indicación de las verdaderas capacidades de la humanidad.
Nuestros cerebros no están vacíos al nacer, sino que son máquinas muy bien aceitadas, listas para entrar en actividad. El cerebro está provisto de la propensión para aprender y ya existen dentro de el los rudimentos del conocimiento, tal como lo entendemos. En esos términos, el cerebro ya piensa antes del nacimiento y no se limita a reaccionar. Cada individuo tiene sus propias habilidades, únicas en su género. Para algunas de esas habilidades, que involucran la relación con otras personas, ni siquiera tenemos las palabras para describirlas. Los padres a veces no están muy satisfechos cuando sus hijos tienen dotes poco comunes. Temen que sus hijos no se lleven bien con los otros niños. Se preocupan porque sus hijos no se ajustan a la norma, pero ningún niño se ajusta a “la norma”.
Muchos adultos, cuando sienten que tienen habilidades especiales, en uno u otro campo, deliberadamente las minimizan, porque temen quedar por fuera de “la norma”, o fuera de “la masa”, o porque temen ser atacados por sus pares. La Religión y la Ciencia les han enseñado que cualquier clase de grandeza es sospechosa. Sin embargo, cada persona viva contiene un elemento de grandeza y el deseo de desarrollar sus habilidades.
Cuando hablamos de grandeza, no nos referimos a la fama, o a las habilidades artísticas o intelectuales solamente, sino a las personas cuyas vidas tienen la capacidad para una gran satisfacción emocional. Estamos hablando de otras habilidades naturales, como la comunicación en los sueños, la utilización consciente de los sueños y la creatividad en la vida diaria. Existen dimensiones de sentimiento humano y experiencia psicológica que van a permanecer latentes, simplemente porque enfocamos nuestra atención en forma tan cerrada dentro de la idea de “la norma”. Cualquier experiencia que no tenga la aprobación oficial, debe permanecer como una experiencia extraña, excéntrica, por fuera de nuestras inquietudes, e ignorada por la ciencia.
Muchos niños que son considerados como retardados por sus maestros, son en realidad niños altamente dotados. Lo mismo puede decirse de los niños destructivos, a quienes se considera hiperactivos y se les suministran drogas. Su rebelión es bastante natural. Los niños Autistas, en muchos casos, son los que han tenido la idea de que el mundo es tan inseguro que es mejor no comunicarse con él, en absoluto, mientras sus demandas y necesidades sean atendidas. Cuando el niño autista es alimentado, vestido y cuidado, él continúa con su comportamiento y el comportamiento mismo sirve sus necesidades.
El niño autista siente que no es seguro interactuar con el mundo. Nadie va a privar a un niño de su comida, y es precisamente la comida la que puede utilizarse para manejarlo, quizá en los términos de un trato. El niño autista teme elegir, tener opciones. Algo de esto es tomado de sus padres, de manera tal que el niño expresa los temores que ellos no han reconocido. El niño autista puede ser muy inteligente.
En cierta forma, el niño autista es un ejemplo de lo que sucede cuando un individuo cree que no tiene ningún mérito, que no puede confiar en sus impulsos, que escoger entre distintas opciones tiene más problemas que ventajas y que es más seguro esconder las habilidades que utilizarlas. La vida es expresión.

viernes, 9 de noviembre de 2007

El Sentido de la Vida,la Paranoia y la Esquizofrenia

Cuando hemos hablado de ley natural, no nos estamos refiriendo a las leyes de la naturaleza de los científicos, tal como la ley de la gravedad, por ejemplo, que no es una ley en absoluto, sino una manifestación que aparece, desde el punto de vista de cierto nivel de conciencia, como resultado del aparato perceptivo. En ese aspecto, nuestra “percepción prejuiciada” está también incorporada en los instrumentos que utilizamos.
Nos estamos refiriendo a las leyes naturales internas, que están presentes en la totalidad de la existencia. Lo que llamamos naturaleza, se refiere a nuestra experiencia personal con la realidad. Sin embargo, otros tipos diferentes de manifestaciones son también “naturales”, fuera de ese contexto. Las leyes de la naturaleza a las que nos referimos, corresponden a todas las realidades y constituyen una base sólida para innumerables tipos de “naturalezas”.
Cada ser experimenta la vida como si su propia vida fuera el centro de la vida. Esto se aplica por igual a la pequeña araña que está en el closet y al hombre. Este principio también aplica a cada uno de los átomos. Cada manifestación de la conciencia llega a la existencia sintiéndose segura en el centro de la vida, experimentando la vida a través de si misma, consciente de la vida a través de su propia naturaleza. Llega a la existencia con un ímpetu interior hacia su realización. Llega equipada con un sentimiento de seguridad dentro del entorno en el que se va a encontrar. Se le ha dado el ímpetu para la acción y el crecimiento, y se le ha llenado con el deseo de dejar su impresión sobre su mundo.
Estamos tratando con diferentes clases de conciencias. Ellas son conciencias con su propio enfoque, cada una sintiéndose al centro de la vida. Estas otras formas de conciencias también se identifican con la fuente de la naturaleza, de la cual emergen. De una manera bastante difícil de explicar, la araña, y la mosca atrapada en su red, están conectadas y son conscientes de la conexión, no como cazadora y presa, sino como individuos que participan en procesos más profundos. Trabajan conjuntamente en la búsqueda de una especie de realización de valores, en la que ambas cumplen sus objetivos.
Existen comuniones de conciencias de las que no estamos enterados. Cuando creemos en teorías como la “supervivencia del más fuerte” y en las grandiosas fantasías de la evolución, organizamos de tal manera las percepciones del mundo que parecen sustentar esas teorías. No veremos ningún valor en la vida de un ratón sacrificado en el laboratorio y veremos batallas despiadadas en la naturaleza, sin darnos cuenta de la gran aventura cooperativa que está involucrada.
Los hombres se desquician si creen que la vida no tiene sentido. La Religión ha cometidos muy serios errores, pero al menos ha afirmado la existencia de una vida después de la muerte, una esperanza de salvación, y ha preservado, algunas veces a pesar de ella misma, la tradición del alma heroica. La Ciencia, incluida la Psicología, por lo que ha dicho, y por lo que ha olvidado decir, ha estado cerca de declarar que la vida misma no tiene sentido. Esto es una contradicción directa a un profundo conocimiento biológico, para no decir nada sobre verdades espirituales. Se niega el significado de la integridad biológica. Le niega al hombre la utilización práctica de aquellos elementos que necesita como criatura biológica: el sentimiento de que está al centro de la vida, de que puede actuar con seguridad en su entorno, que puede confiar en sí mismo, y que su propio ser y sus acciones tienen sentido.
Los impulsos proveen la guía de la vida para la acción. Si se nos enseña que no podemos confiar en los impulsos, nos estamos situando en contra de nuestra misma integridad física. Si creemos que nuestra vida no tiene sentido, haremos cualquier cosa para darle sentido, actuando como un ratón dentro de un laberinto científico, ya que nuestra directiva más importante ha sido adulterada.
Intentamos suavizar nuestras afirmaciones aquí, pero la Psicología de los últimos cien años ha contribuido a crear locuras cuando intenta reducir el gran empuje individual de la vida que existe en cada persona a una masa caótica de impulsos y químicos - una mezcla de pensamientos freudianos y darvinianos mal aplicados. Las mayores angustias del alma le fueron atribuidas a una fuente común: las tendencias primitivas “inconscientes” del hombre. El empuje personal hacia la creatividad se vio como un conglomerado caótico de químicos dentro de lo más íntimo del ser de cada persona. Al genio se le vio como un error de los cromosomas, o como el resultado afortunado del odio del hombre por su padre. El sentido de la vida se redujo a la naturaleza accidental de los genes. La Ciencia pensaba en términos de promedios y estadísticas y se suponía que cada persona encajaba dentro de esos esquemas.
Hasta cierto punto, esto también se aplica a la Religión, en el mismo período de tiempo. Las Iglesias necesitaban pecadores en abundancia, pero se apartaban de los santos, o de cualquier comportamiento extravagante que no hablara de la duplicidad del hombre. De pronto personas con características paranoicas y esquizofrénicas empezaron a aparecer en esta civilización. Las características de cada una se registraban debidamente.
Una persona que siente que la vida no tiene sentido, y que su vida en particular no tiene sentido, prefiere sentirse perseguida que ignorada. Aún el peso de la culpa es preferible a no tener sentimientos. Si el paranoico siente que es perseguido, por el gobierno, por poderes diabólicos, o por lo que sea, por lo menos siente que su vida debe ser importante porque, de otra manera, por qué otros están buscando destruirla? Si hay voces que le dicen que él debe ser destruido, por lo menos estas voces son reconfortantes, ya que lo convencen de que su vida debe tener valor.
Al mismo tiempo, la persona paranoica puede utilizar sus habilidades creativas en fantasías que confunden la mente de las personas sanas. Pero esas habilidades creativas tienen un sentido, ya que esas fantasías sirven para reafirmarle al paranoico su propio mérito. Si en términos normales estuviera sano, no podría utilizar sus habilidades creativas, ya que ellas están siempre conectadas con el sentido de la vida y, si está sano, el paranoico está convencido de que la vida no tiene sentido. Con frecuencia la persona llamada esquizofrénica está tan asustada de su propia energía, de sus impulsos y sentimientos, que estos se fragmentan, se objetivizan y se ven como provenientes del exterior, en lugar del interior.
Las ideas del bien y el mal se exageran y se aíslan. Nuevamente aquí se le permite alguna expresión a las habilidades creativas. La persona no se siente en capacidad de expresarlas de otra manera. Tales personas son temerosas de sus propias personalidades. Se les ha enseñado que la energía es errónea, que el poder es desastroso y que se le debe temer a los impulsos.
El término esquizofrenia, con base en la autoridad de la psicología, se convierte en una cobertura general en la que a la integridad del significado personal se le da una explicación masiva y generalizada. Los paranoicos son, desafortunadamente, quienes más firmemente creen en las peores idioteces de la ciencia y la religión. El paranoico y el esquizofrénico están tratando de darle sentido a un mundo que se les ha enseñado no tiene sentido, y sus tendencias aparecen en forma minimizada en el resto de la sociedad.
La creatividad es un ímpetu innato en el hombre, mucho más importante que lo que la ciencia llama la satisfacción de las necesidades básicas. En esos términos, la creatividad es la necesidad más básica de todas. Estamos hablando de una poderosa inclinación de la especie hacia la creatividad y hacia la realización de valores emocionales y espirituales. Si el hombre no lo consigue, la necesidad de suplir sus necesidades básicas de comida y abrigo no lo van a sostener. No estamos diciendo que el hombre no vive solamente por el pan. Estamos diciendo que si el hombre no le encuentra sentido a la vida, no vivirá, con pan o sin él. No tendrá la energía suficiente para buscarlo, ni confiará en sus impulsos para hacerlo.

martes, 6 de noviembre de 2007

Las Leyes Humanas y la Ley Natural

Qué es la Ley? Por qué tenemos Leyes? Están hechas las leyes para proteger la vida, para proteger la propiedad, para establecer el orden, para castigar a los transgresores? Están hechas las leyes para proteger al hombre de su propia avaricia y deshonestidad?
En resumen, están hechas las leyes para proteger al hombre de su propia “naturaleza criminal básica”? Están hechas las leyes para proteger al hombre de sí mismo, como lo han señalado Freud y Darwin? El hombre ya tenía leyes desde tiempo atrás. Están entonces hechas las leyes para proteger al hombre de su “naturaleza pecadora”? Si todos fuéramos “seres perfectos”, necesitaríamos leyes? Definen las leyes lo que es inaceptable, o son un intento de limitar los impulsos? Representan las leyes las definiciones colectivas de la sociedad sobre lo que es un comportamiento aceptable y lo que no lo es? Cual es la diferencia entre un crimen y un pecado, según lo que la mayoría de nosotros pensamos sobre esos términos? Puede el estado castigarnos por un pecado? Sin duda alguna, nos puede castigar por un crimen. Es la ley una reflexión de algo distinto, una reflexión de la búsqueda del ideal inherente al hombre y de su realización?
Cuando actúa la ley como un idealista práctico? Por qué miramos despectivamente a los políticos cuando muestran sus pies de barro? De qué manera nos concierne y nos afecta todo esto como individuos?
Cada individuo es guiado de forma innata por una buena intención, no importa lo distorsionada que esa intención llegue a estar, no importan los medios torcidos que se puedan emplear para lograrlo.
De la misma manera como el cuerpo desea crecer desde la niñez, todas las habilidades de la personalidad desean crecer y desarrollarse. Cada persona tiene sus propios ideales, y sus impulsos dirigen esos ideales de manera natural hacia vías de desarrollo específicas, para la satisfacción tanto del individuo como de su sociedad. Los impulsos aportan las especificaciones, los métodos, los significados y las definiciones. Los impulsos señalan vías definidas de expresión que le aportarán al individuo un sentimiento de realización y de poder natural que le permitirá saber que está dejando su huella sobre su entorno para mejorarlo.
La ley dice que somos inocentes hasta que se pruebe nuestra culpabilidad. A los ojos de la ley, somos inocentes hasta que se pruebe que hemos cometido un crimen. En el mundo de la religión, sin embargo, ya estamos manchados por el pecado original. En nuestras frentes, simbólicamente, está “La marca de Caín”. Pertenecemos a una especie que ha pecado contra Dios y estamos condenados automáticamente. Para ser salvados o redimidos, debemos hacer buenas obras, ser bautizados, creer en Cristo, o ejecutar algún otro tipo de acciones. Según otras religiones, debemos estar “atados a la tierra” por los “burdos deseos” de nuestra naturaleza, “atados a la rueda de la vida”, condenados a reencarnaciones sin fin, hasta que hayamos sido “purificados”. De acuerdo con la Psicología y la Ciencia, somos un conglomerado viviente de elementos y químicos, producto de un universo sin propósito, formado accidentalmente, en el que se nos ha dado una vida en la cual las inclinaciones “primitivas y animalísticas” de nuestro pasado evolucionista permanecen al acecho dentro de nosotros esperando su expresión y superando nuestro control.
Las leyes religiosas tienen que ver con el pecado, se haya cometido un crimen o no, y los conceptos religiosos generalmente dan por sentado que el individuo es culpable, hasta que se pruebe que es inocente. Si en realidad no hemos cometido un crimen, por lo menos pecamos en el corazón, razón por la cual debemos ser castigados. Un pecado puede ser cualquier cosa, desde jugar a las cartas hasta tener fantasías sexuales. Somos criaturas pecadoras.
Nacimos con el reconocimiento innato de nuestra propia bondad. Nacimos con el reconocimiento íntimo de nuestra rectitud en el universo. Nacimos con el deseo de desarrollar nuestras habilidades, de movernos y actuar en el mundo. Estas son las bases que constituyen lo que llamaremos la ley natural.
Hemos nacido amorosos, compasivos, curiosos acerca de nosotros mismos y nuestro mundo. Estos atributos también pertenecen a la ley natural. Hemos nacido sabiendo que somos unos seres únicos, conscientes de sí mismos, que buscan su propia realización y la realización de otros. Hemos nacido buscando la realización de nuestros ideales. Hemos nacido buscando agregarle valor a la calidad de la vida, sumarle características, habilidades, energías a la vida, que solo nosotros, individualmente, podemos aportarle al mundo y lograr un estado de ser únicamente nuestro.
Todas estas cualidades y atributos nos han sido dados por la ley natural. Pertenecemos a una especie cooperativa y amorosa. Nuestros malentendidos, nuestros crímenes y atrocidades, aunque reales, muy rara vez se cometen con la intención de hacer mal, sino como consecuencia de una interpretación totalmente equivocada de la naturaleza del bien, y de los medios que se pueden utilizar para su realización. La mayoría de las personas saben esto en lo más íntimo de su ser. Las sociedades, los gobiernos, los sistemas educativos, se construyen con base en una firme creencia en la poca confiabilidad de la naturaleza humana. Con frecuencia se dice que no podemos cambiar la naturaleza humana. Esta afirmación da por sentado que la naturaleza del hombre es la de un voraz, predador y asesino de corazón.
Actuamos de acuerdo con nuestras propias creencias. Nos convertimos en los seres que pensamos que somos. Las creencias individuales se convierten en las creencias de la sociedad y estas en las nuestras.

sábado, 3 de noviembre de 2007

Los Impulsos

Los impulsos proveen el ímpetu para el movimiento, animando al cuerpo físico y a la persona mental hacia la utilización del poder físico y mental. Los impulsos le ayudan al individuo a dejar su impresión sobre el mundo, es decir, actuando sobre él y dentro de él de manera efectiva. Los impulsos también abren oportunidades que antes podían no haber estado disponibles conscientemente. Hemos afirmado anteriormente que las células tienen precognición y que a ese nivel el cuerpo está enterado de amplia información, información no conocida, ni aprendida conscientemente. El universo, y todo lo que este contiene, está compuesto de “información”. Información concerniente al universo entero está siempre latente dentro de cada una de las partes que lo componen.
El poder motivador del universo, y de cada partícula u onda o persona dentro de él, es el magnífico empuje hacia probabilidades creativas, además de la tensión exuberante que existe entre las opciones probables y los eventos probables. Esto se aplica a hombres y moléculas y a todas aquellas más pequeñas, hipotéticas y teóricas divisiones, o unidades, con las que los científicos se asombran a sí mismos.
En términos más corrientes, con frecuencia los impulsos provienen de conocimiento inconsciente. Este conocimiento es recibido, espontáneamente y de manera automática, por la energía que compone nuestro cuerpo, para ser procesado de tal manera que la información pertinente pueda ser aplicada y podamos hacer uso de ella. Idealmente, nuestros impulsos responden a nuestros mejores intereses y a los mejores intereses de nuestro mundo. Obviamente, existe una profunda y dañina desconfianza a los impulsos en el mundo contemporáneo, desconfianza que también ha existido a través de la historia que seguimos. Los impulsos son espontáneos, y se nos ha enseñado a desconfiar de las porciones espontáneas de nuestro ser, y confiar en cambio en la razón y el intelecto que, incidentalmente, también operan espontáneamente. Cuando nos lo permitimos, somos espontáneamente razonables, pero como consecuencia de nuestras creencias, parece que la razón y la espontaneidad no son muy buenas amigas.
Psicológicamente, nuestros impulsos son tan vitales para nuestro ser como lo son los órganos físicos. Ellos son tan altruistas y desinteresados como lo son nuestros órganos. Cada impulso está diseñado y hecho a la medida de quién lo siente. Idealmente, siguiendo nuestros impulsos vamos a sentir la forma, la forma impulsiva de nuestra vida. No perderíamos el tiempo preguntándonos cual era nuestro propósito, ya que él mismo se va a hacer conocer cuando percibamos la dirección en la que nuestros impulsos naturales nos conducen y cuando sintamos que ejercemos poder sobre el mundo por medio de esas acciones. Los impulsos son portales a la acción, a la satisfacción, al ejercicio del poder mental y físico natural, a la avenida de nuestra expresión personal que alcanza el mundo físico y deja su impresión sobre él.
Muchos cultos de uno u otro tipo, y muchos fanáticos, buscan interferir con nuestros impulsos naturales para impedir su expresión. Ellos buscan sabotear nuestra creencia en la espontaneidad del ser, de tal manera que el gran poder de los impulsos se represa. El camino hacia las probabilidades se cierra, poco a poco, hasta que en realidad vivimos en un entorno mental cerrado, en el que parece que somos impotentes. Nos parece que no vamos a dejar nuestra huella en el mundo como lo queremos y que nuestros ideales siempre permanecerán inexpresados.
Existe el impulso natural para morir en el hombre y en los animales, pero en tales circunstancias ese deseo se convierte en el único impulso que el individuo se siente capaz de expresar, ya que le parece que todos los otros caminos de expresión se han cerrado.
Queremos enfatizar la importancia de la acción individual, ya que solo el individuo puede ayudar a formar organizaciones que se convertirán en vehículos físicos para la expresión efectiva de los ideales. Solo las personas que confían en la espontaneidad de sus propios seres y en la naturaleza altruista de sus impulsos, pueden ser lo suficientemente sabias conscientemente para escoger entre miles de futuros probables los eventos más prometedores. Los impulsos tienen en consideración no solo los mejores intereses de la gente, sino todos los otros intereses de las demás especies.
Hemos utilizado el término “impulsos” para una mejor comprensión de la mayoría de las personas y, en esos términos, debemos decir que las moléculas y los protones también tienen impulsos. La conciencia no solamente reacciona al estímulo sino que tiene su propio impulso hacia el crecimiento y la plena y feliz satisfacción de sus propios valores. Nos parece que los impulsos son impredecibles, contradictorios, irracionales. Que son el resultado de la mezcla errática de químicos corporales y deben ser aplastados con la misma intención mortífera con que lo hacemos con un mosquito.
Considerar los impulsos como caóticos, sin sentido y, peor aún, perjudiciales para una vida ordenada, significa en realidad una actitud muy peligrosa. Significa que esa actitud es la causa de muchos de nuestros problemas. Cada persona tiene el deseo fervoroso de actuar, de actuar en forma benéfica, altruista, para dejar su huella en el mundo. Cuando son denegados constantemente los impulsos naturales hacia la acción durante un cierto período de tiempo, cuando se desconfía de ellos, cuando el individuo se siente en conflicto con sus propios impulsos y cierra las puertas hacia todas las acciones probables, entonces esa intensidad explota en cualquier forma de escape que haya quedado abierta.
No estamos hablando de algo como la “represión”, tal como es utilizada por los psicólogos, sino de un asunto mucho más profundo, en el que se desconfía tanto del mismo ser que los impulsos naturales de cualquier clase se vuelven sospechosos. Tratamos de “vacunarnos” contra nosotros mismos, situación casi imposible. Esperamos que nuestras motivaciones sean egoístas, porque así se nos ha dicho, de tal manera que cuando nos pillamos con motivaciones muy poco amables, casi nos sentimos reconfortados porque pensamos que estamos procediendo normalmente.
Cuando nos encontramos procediendo con buenas motivaciones, de inmediato desconfiamos de ellas y pensamos que oculto bajo el aparente altruismo debe haber algunas motivaciones nefastas o egoístas que se nos escapan. Como personas, siempre estamos examinando nuestros impulsos, pero muy rara vez examinamos los frutos de nuestro intelecto.
Puede parecer que las acciones impulsivas se mueven sin control en la sociedad, en el comportamiento de los cultos, en el comportamiento de los criminales, o en el de la juventud, pero en lugar de esto, todas estas actividades demuestran el poder de los impulsos cuando se les niega su expresión natural.
Un determinado idealista cree que el mundo va hacia el desastre y que él es impotente para evitarlo. Habiendo reprimido sus impulsos por creerlos equivocados y habiendo impedido la expresión de su propio poder para afectar a otros, podría, por ejemplo, “escuchar la voz de Dios”. Esa voz le puede decir que cometa cualquier número de acciones nefastas, como asesinar a los enemigos que se atraviesan en el camino de su gran ideal, y puede parecerle a él, y a otras personas, que tiene el impulso natural de matar y un mandato interior de Dios para hacerlo.
De acuerdo con las condiciones, tal persona puede ser un miembro de un pequeño culto, o la cabeza de una nación, un criminal o un héroe nacional, que proclama actuar con la autoridad de Dios. El deseo y la motivación para actuar son tan fuertes en cada persona que no pueden ser reprimidos y, cuando lo son, pueden ser expresados de manera pervertida. El hombre debe no solo actuar, sino que debe actuar de manera constructiva y debe sentir que actúa en la búsqueda de buenos fines. Cuando el impulso natural para actuar de manera constructiva se reprime, el idealista se convierte en fanático. Cada persona, a su manera, es un idealista.
El poder es natural. Es la fuerza, el poder que hace que el músculo se mueva, que los ojos vean, que la mente piense, es el poder de las emociones. Todos estos representan el verdadero poder. La acumulación de riquezas y la fama no puede sustituir la sensación natural de poder, si este falta. El poder siempre reside en el individuo y del individuo debe fluir todo el poder político.

jueves, 1 de noviembre de 2007

Cita de Einstein

"A human being is part of a whole, called by us the Universe, a part limited in time and space. He experiences himself, his thoughts and feelings, as something separated from the rest--a kind of optical delusion of his consciousness. This delusion is a kind of prison for us, restricting us to our personal desires and to affection for a few persons nearest us. Our task must be to free ourselves from this prison by widening our circles of compassion to embrace all living creatures and the whole of nature in its beauty."

~ Albert Einstein

Un ser humano es parte de un todo, llamado por nosotros el Universo, una parte limitada en el tiempo y el espacio. El se experimenta a sí mismo, sus pensamientos y sentimientos, como algo separado del resto – una especie de ilusión óptica de su conciencia. Esta ilusión es un tipo de prisión para nosotros, restringiéndonos a nuestros deseos personales y al afecto a unas pocas personas cercanas a nosotros. Nuestra tarea debe ser liberarnos a nosotros mismos de esta prisión, ampliando nuestros círculos de compasión para cubrir a todas las criaturas vivientes y a la totalidad de la naturaleza en su belleza.