Datos personales

lunes, 2 de julio de 2007

Probabilidades y Seres Probables

Las probabilidades son una parte siempre presente en nuestro entorno psicológico. Existimos en medio de un sistema de realidad probable y no es algo que esté separado de nosotros. Ocasionalmente, nos preguntamos que hubiera pasado al tomar decisiones distintas a las que tomamos. Si hubiéramos escogido diferente pareja, o diferente lugar para vivir, o si hubiéramos enviado una carta importante, que al fin no mandamos.
Con solo hacernos estas sencillas preguntas, estamos entrando en el campo de las probabilidades. Existen conexiones muy profundas con las personas con quienes nos hemos relacionado y con las involucradas en las decisiones más importantes. Son interconexiones psicológicas las que nos unen a esas personas, aunque se presentan por debajo del nivel consciente y en forma telepática.
El progreso de una conciencia está en gran medida determinado por el conocimiento de todas las otras materializaciones de su identidad. Todos los seres probables deberían conocerse y darse cuenta de que corresponden a las varias manifestaciones de su Entidad.
Los seres probables no están perdidos, enterrados o negados en la Entidad, sin su libre albedrío, sin su propia determinación y perdida su individualidad. Tienen total libertad para manifestar todos los desarrollos y acciones probables, tanto en nuestra realidad como en otras que no conocemos conscientemente.
En cada momento, estamos posicionados en el centro de una red cósmica de probabilidades, que se afectará por el más ligero acto mental o emocional. Nuestros pensamientos y emociones se proyectarán, no solo en todas las direcciones físicas que conocemos, sino en direcciones invisibles para nosotros, que aún no comprendemos. También somos receptores de esos mismos signos, provenientes de otras probabilidades conectadas con la nuestra. De ellos escogemos cuales acciones probables queremos hacer reales o físicas en nuestro sistema.
Somos el origen de ideas y los receptores de ideas, pero no estamos obligados a realizar actos probables que nos llegan de otros seres probables. Existe una atracción natural entre nosotros y nuestros seres probables y conexiones electromagnéticas relacionadas con propulsiones simultáneas de energía. Lo anterior significa energía que aparece simultáneamente para nosotros y nuestros seres probables en otras realidades. Son conexiones psíquicas de unidad y simpatía que se presentan en el estado del sueño. En este estado, con las funciones del ego un tanto aquietadas, se presentan las comunicaciones entre las distintas porciones de la Entidad.
En el sueño podemos tener vistazos de las rutas probables que hemos podido tomar. Podemos pensar que son fantasías, pero realmente estamos percibiendo una imagen legítima de eventos que ocurrieron en otro sistema de probabilidad.
Un evento puede ser realizado por más de un ser probable. Tenemos más semejanzas con unos seres probables que con otros. Como las conexiones entre todos ellos existen, estamos en capacidad de utilizar las habilidades y conocimientos de estos otros seres probables.
Cuando ya somos conscientes de que existen estos sistemas probables, podemos aprender a estar alertas sobre lo que llamaremos “impulsos benignos”. Estos impulsos pueden estar desconectados de nuestros intereses y actividades corrientes. Por esto, nos parecerán extraños. Por ejemplo, podemos no tener ni idea de música y una tarde cualquiera, en medio de actividades comunes, sentir el impulso de comprar un violín.
Este impulso puede ser indicio de que uno de nuestros seres probables tiene dotes de violinista. No quiere decir que vamos a salir a comprar de inmediato un violín, pero podemos en cambio interesarnos en él, en conciertos de violín, etc. Cuando este impulso realmente se origina en un ser probable, nos será mucho más fácil aprender a tocarlo.
Los seres probables existen no solo en el futuro sino en el pasado. Es por esto que es inconveniente ponernos a pensar en los aspectos negativos y poco placenteros del pasado, porque un ser probable puede estar aún involucrado en ese pasado, creando probabilidades inconvenientes para nosotros en el presente. De igual manera, ponernos a pensar en enfermedades y desastres es mala política, pues también estamos creando redes de probabilidades que no van a ocurrir necesariamente.
Teóricamente, estamos en capacidad de cambiar nuestro propio pasado, tal como lo conocimos. El tiempo no es algo tan apartado de nosotros, como no lo son las probabilidades. El pasado existió en muchísimas formas y todo lo que percibimos fue un pasado probable. Cambiando este pasado en nuestra mente, ahora, en el presente, no solo cambiamos su naturaleza sino sus efectos, y no solo sobre nosotros sino sobre otras personas.
Recordemos un evento particular del pasado, que nos desagradó profundamente. Imaginemos que desaparecemos ese evento y lo reemplazamos por otro mucho más benéfico. Al utilizar la imaginación, debemos hacerlo muy vívidamente y en repetidas oportunidades. El evento que escogimos, automáticamente, se convertirá en un evento probable, que en realidad sucedió, pero no es el evento que escogimos para percibir en un determinado pasado probable. Telepáticamente, si el proceso se hace correctamente, nuestra idea afectará a todas las personas involucradas con el evento original. Ellas, sin embargo, pueden aceptar o rechazar nuestra versión.
Es necesario recordar que muchos eventos no percibidos físicamente o experimentados, tienen validez. En el futuro existe una cantidad ilimitada de eventos probables y, en este momento, estamos preparando su estructura con nuestros pensamientos y sentimientos. De esos futuros probables estaremos escogiendo los eventos físicos que se convertirán en nuestra experiencia.

domingo, 1 de julio de 2007

Sistemas Probables

En cualquier momento de nuestra vida diaria tenemos multitud de opciones en las acciones a ejecutar, algunas triviales y otras importantes. Podemos estornudar o no, toser o no, caminar hasta la ventana o hasta la puerta, rascarnos el codo, salvar un niño que se está ahogando, aprender una lección, suicidarnos, hacerle daño a alguien, poner la otra mejilla.
Nos parece que la realidad se compone de aquellas acciones que escogemos tomar. Las que no escogemos, las ignoramos. La ruta que no tomamos, nos parece algo que ya no ocurrió. Sin embargo, todo pensamiento tiene una realización y toda probabilidad es explorada. La realidad física se construye con lo que parecen ser una serie de actos. Ya que este es el criterio con que consideramos la realidad, los actos que no ejecutamos escapan a nuestra percepción, discreción y juicio.
Veamos un ejemplo. Estamos leyendo un libro cuando el teléfono suena. Un amigo quiere que nos encontremos con él a las cinco de la tarde. Por un momento, consideramos la propuesta y en nuestra mente nos imaginamos (A) diciéndole que no y quedándonos en casa, (B) diciéndole que no, pero nos vamos para otra parte, (C) diciéndole sí, aceptando la cita. Todas estas opciones, o posibles acciones, tienen una realidad en ese punto. Todas se pueden realizar en términos físicos. Antes de tomar la decisión, cada una de estas tres acciones probables era igualmente válida. Escogimos una y por nuestra decisión, convertimos una de las tres en un evento real. Este evento lo aceptamos debidamente, como parte de una serie de asuntos que componen nuestra existencia normal.
Sin embargo, las otras probables acciones, tienen tanta validez como si hubieran ocurrido, aunque no las escogimos para realizarlas físicamente. Esas acciones se llevan a cabo tan efectivamente como la que escogimos y aceptamos. Si se presentó una fuerte carga emocional en una de las acciones probables que rechazamos, podrá tener aún una mayor validez que la acción que escogimos. Todas las acciones son inicialmente actos mentales. Esta es la naturaleza de la realidad. Vamos a repetirlo enfáticamente: Esta es la naturaleza de la realidad. Todos los actos mentales son válidos, existen y no se pueden negar.
Cuando no aceptamos los actos mentales como eventos físicos, no percibimos su fortaleza y durabilidad. La carencia de nuestra percepción no destruye su validez. Por ejemplo, si alguien quiso ser médico y ahora tiene una profesión distinta, en alguna realidad probable es médico. Si tenemos ciertas habilidades que no estamos usando aquí, se estarán usando en alguna otra parte. Todas estas ideas nos parecerán imposibles, por nuestra propensión al pensamiento serial y actitudes tridimensionales.
Todos estos hechos no niegan la validez del alma, sino que la afirman inmensamente. El alma se puede describir como un acto infinito y multidimensional, en el cual toda probabilidad se realiza en alguna parte, creando para sí dimensiones infinitas para su realización.
En nuestra actual existencia, al intelecto tridimensional le queda muy difícil aceptar estas ideas. Significa que tenemos seres probables que son una parte de nuestra alma total o Entidad. No tenemos contacto con ellos, solamente porque nos enfocamos exclusivamente en los eventos físicos y los aceptamos como único criterio de la realidad.
De la misma manera como existen seres probables, tenemos tierras probables, todas tomando rutas distintas a las que hemos adoptado

sábado, 30 de junio de 2007

Reencarnación de Civilizaciones

Podemos decir que existe la reencarnación de civilizaciones, como existe la de individuos. Cada personalidad que encarna, busca mejorar aquellas habilidades que solo en el entorno físico tienen un desarrollo óptimo. Cada una tiene una responsabilidad para la civilización en la que tiene su existencia, ya que contribuye a formarla con sus pensamientos, emociones y acciones.
La personalidad aprende de sus éxitos y de sus fracasos. Pensamos que la historia física se inició con el hombre de las cavernas hasta llegar a la época presente. Sin embargo, hemos tenido otras civilizaciones científicas, algunas de las cuales se conocen en leyendas y otras totalmente desconocidas, todas ellas desaparecidas, en nuestros términos.
Pensamos que solo tenemos una oportunidad para resolver nuestros problemas y la alternativa de destruirnos con nuestra propia agresividad, por carencia de entendimiento y espiritualidad.
Así como se nos han dado muchas vidas para desarrollar y realizar nuestras habilidades, a la especie también se le ha permitido más de una línea de desarrollo histórico, que es la que actualmente conocemos. La estructura de la reencarnación no es más que una cara del cuadro total de probabilidades. Disponemos de todo el tiempo que se necesite para desarrollar los potenciales que debemos realizar, antes de dejar el ciclo de reencarnaciones. Muchos grupos de personas, en varios ciclos de reencarnaciones, se han encontrado con crisis sucesivas, han alcanzado el mismo punto de desarrollo nuestro, lo han superado o han destruido su civilización. En este último caso, se les ha dado otra oportunidad, teniendo conocimiento consciente de su fracaso y de sus causas. Dieron inicio a su nueva civilización con grupos primitivos que ya tenían cierto conocimiento íntimo de lo sucedido.
Otros grupos que resolvieron sus problemas, abandonaron el planeta físico y se ubicaron en otros del universo físico. Quienes lograron ese alto nivel de desarrollo eran seres maduros, espiritual y psíquicamente, capaces de utilizar energías de las cuales no tenemos un conocimiento práctico.
Para estos seres La Tierra es ahora su hogar legendario. Formaron nuevas razas y especies que ya no se acomodaban a nuestras condiciones atmosféricas. Continuaron con sus ciclos de reencarnación mientras habitaron en la realidad física. Muchos de ellos mutaron y abandonaron el ciclo de reencarnaciones. Evolucionaron espiritualmente hasta convertirse en las entidades mentales que siempre fueron. Descartaron la forma material. Este grupo de seres aún tienen gran interés en nuestro planeta, nos dan soporte y energía y los podemos considerar como dioses de la tierra.
En nuestro planeta estos seres estuvieron involucrados en tres civilizaciones, mucho antes de la época de la Atlántida, cuando el planeta ocupaba una posición diferente. Los polos también tenían una posición diferente. Estas civilizaciones eran muy avanzadas tecnológicamente y la segunda de ellas superó el nivel de nuestra actual civilización.
Utilizaban el sonido muy efectivamente para sanar, como fuente de poder para vehículos de locomoción, para transportar grandes cantidades de materia física y para la guerra.
Esta segunda civilización existió en áreas que ahora se conocen como África y Australia, pero con climas totalmente diferentes. Esta civilización se concentró en las áreas descritas y no intentó expandirse. Compartieron el planeta con grupos de gente primitiva, desorganizada y dispersa. No intentaron “civilizar” estos grupos e hicieron todo lo posible por impedir su progreso.
Los miembros de esta civilización eran una rama de la anterior que decidió abandonar el planeta y habitar otras áreas del universo físico.

viernes, 29 de junio de 2007

Cristo

La figura de Cristo representa, simbólicamente, nuestra idea de Dios y sus relaciones. Existieron tres personalidades que la historia mezcló y que colectivamente se conocieron como Cristo. Es por esta razón que existen tantas discrepancias en los registros históricos. Fueron tres hombres, porque en esa instancia de nuestro desarrollo, no habría sido posible aceptar una mujer.
Estas tres personalidades formaban parte de una Entidad. En esa época, no podríamos imaginarnos a Dios sino como un padre. Tampoco lo hubiéramos podido imaginar en términos distintos a los humanos. Estas tres personalidades protagonizaron un drama, con un alto significado simbólico, impulsado por una energía poderosa.
Los eventos, tal como fueron registrados, no ocurrieron históricamente. La crucifixión de Cristo fue un evento psíquico y no físico. En este drama se desarrollaron ideas de magnitud inimaginable. Los discípulos fueron fragmentos de personalidad creados por la Entidad de Cristo. Judas representó el traidor a sí mismo. Dramatizó aquella parte de la personalidad individual que se enfoca en la realidad física buscando, con codicia, sacar partido de los demás.
Cada uno de los doce apóstoles representaba cualidades de la personalidad que tiene cada individuo y Cristo representaba el ser interior. Cristo y los doce discípulos, en conjunto, representaban una personalidad terrenal – el ser interior y doce características principales – conectadas con el ego.
Este drama fue una parábola viviente hecha carne entre nosotros. Un drama cósmico escenificado en nuestro beneficio y elaborado en términos que pudiéramos entender. Las lecciones del drama fueron muy claras, porque todas las ideas que las sustentaban se personificaron. Se trató de un drama local de códigos morales, escenificado en una esquina de nuestro universo.
Las tres personalidades que en conjunto constituyeron a Cristo nacieron en nuestro planeta, encarnaron entre nosotros. Ninguno fue crucificado. Los doce discípulos fueron materializaciones de las energías combinadas de las tres personalidades. Fueron dotados con plena individualidad y su tarea fue manifestar en ellos mismos ciertas cualidades inherentes a todos los hombres.
Se han dado los mismos tipos de dramas de manera diferente, pero en el fondo, es el mismo drama. La personalidad de Cristo no ha aparecido en todos los sistemas de realidad, pero la idea de Dios se ha manifestado en cada sistema de una manera comprensible para quienes lo habitan. Este drama sigue existiendo y no pertenece sólo al pasado, aunque allí lo hemos situado. Fue un drama muy significativo y el espíritu de Cristo es legítimo. Se trata del drama probable de Dios que escogimos para percibir. Existieron otros dramas, percibidos por otros, pero no por nosotros; y hay otros dramas que existen ahora.
Otras religiones tuvieron su base en diferentes dramas, en los cuales las ideas se presentaron de una manera comprensible para varias culturas. Desafortunadamente, las diferencias entre los dramas a menudo causaron malentendidos y estos se usaron como excusas para guerras. Todos estos dramas también se han escenificado en el estado del sueño. Las figuras que personifican a Dios inicialmente se introdujeron al hombre en el estado del sueño y así se preparó el terreno. En visiones e inspiraciones el hombre supo que el drama de Cristo se presentaría, de tal manera que lo reconocería cuando ocurriera físicamente.

jueves, 28 de junio de 2007

Dios-Todo Lo Que Existe

Existen muchos sistemas probables de realidad, en los cuales los elementos físicos predominan. Todos nosotros existimos en otros sistemas no físicos. Nuestros pensamientos y emociones se manifiestan en muchas otras formas, distintas de las que conocemos en nuestro campo de existencia.
Solamente una porción de nuestra identidad total nos es familiar. Cuando tratamos el asunto de un ser supremo, nos imaginamos una personalidad masculina, con las mismas habilidades que poseemos, y haciendo énfasis en las cualidades que más admiramos. Este dios imaginario ha venido cambiando a través de los siglos, de acuerdo con las ideas cambiantes que hemos tenido sobre el hombre.
Hemos visto a Dios como un ser cruel y poderoso, cuando el hombre creyó que esas eran características muy deseables y necesarias, particularmente en las batallas por la supervivencia física. El hombre proyectó estas características sobre la idea de dios, porque las envidiaba y las temía. En otras palabras, el hombre creo un dios a su imagen y semejanza.
En una realidad multidimensional, los viejos conceptos de Dios no tienen sentido. El término ser supremo está distorsionado, pues estamos proyectando en él cualidades de naturaleza humana. Si nos dicen que Dios es una idea, no entenderíamos el significado, porque aún no comprendemos las dimensiones en las cuales una idea tiene su realidad, ni la energía que puede originar y propulsar. No creemos en las ideas de la misma manera como creemos en los objetos. Si nos dicen que Dios es una idea, interpretaremos esto como si Dios fuera algo menos que real, nebuloso, sin realidad, sin propósito.
Nuestra imagen física es la materialización de la idea que tenemos de nosotros mismos, dentro de las propiedades de la materia. Sin la idea de nosotros mismos, la imagen física no existiría. El poder inicial y la energía de esa idea mantiene nuestra imagen viva. Las ideas son algo mucho más importante de lo que nos damos cuenta. Si intentamos aceptar la idea de que nuestra existencia es multidimensional, que vivimos en medio de probabilidades infinitas, podremos tener una ligera visión de la realidad que existe detrás de la palabra “dios”, aunque es casi imposible captar el concepto de dios en palabras.
Dios, primero que todo, es un creador, no solamente del universo físico sino de una infinita variedad de existencias probables, mucho más numerosas que los elementos del universo físico, tan familiares para la ciencia. Dios no solamente envió un hijo para vivir y morir en un pequeño planeta. Dios es parte de todas las probabilidades.
Hemos oído historias y parábolas sobre orígenes del universo. Todas han sido intentos de transmitir conocimientos en los términos más simples. A menudo hemos encontrado respuestas para preguntas que literalmente no tienen significado fuera de nuestro sistema de realidad.
Digamos que no hubo un origen o principio, ni habrá un final para el universo. Como tenemos una idea tan distorsionada del tiempo, principios y fines parecen ser inseparables y eventos válidos. En la medida en que cambiemos el enfoque de nuestra atención, lejos de la realidad física, vamos a tener cierta evidencia de otras realidades. Si nuestra conciencia sigue apegada a las viejas ideas, será imposible entender lo que realmente pasa

miércoles, 27 de junio de 2007

La Evolución

Así como la vida de cada individuo surge de dimensiones escondidas, más allá de aquellas fácilmente accesibles en términos físicos; y así como extrae su energía y poder para actuar de fuentes inconscientes, de igual manera, el actual universo físico también lo hace. Este también tiene una fuente y obtiene su energía de otras más profundas realidades.
La historia, tal como la conocemos, representa apenas una sola luz sobre la cual nos enfocamos. Es tan intensa nuestra concentración sobre su destello, que cuando nos preguntamos sobre la naturaleza de la realidad, automáticamente dirigimos nuestra atención hacia este centelleante momento que llamamos realidad física. Cuando nos preguntamos sobre sus orígenes, sin pensarlo, hablamos de un creador de esa sola luz. Aunque es única, si por lo menos entendiéramos de qué se trata, comprenderíamos la verdadera naturaleza de la realidad.
La Historia, tal como la concebimos, apenas representa una muy delgada línea de probabilidades en la cual estamos inmersos. No representa la totalidad de la vida de la especie, ni es el catálogo completo de las actividades físicas, ni cuenta la historia de las criaturas físicas, ni sus civilizaciones, guerras, tecnologías y logros. La realidad es mucho más diversa, más rica e indescriptible de lo que realmente suponemos o comprendemos. La evolución, tal como la conocemos y tal como ha sido clasificada por la ciencia, apenas representa una línea probable de evolución, precisamente aquella en la que nos encontramos.
Existen muchos más desarrollos evolutivos, igualmente reales, que ocurrieron, están ocurriendo y ocurrirán en otros sistemas probables de la realidad física. Las diversas e infinitas posibilidades de desarrollo, nunca podrán aparecer en una estructura tan sencilla de la realidad.
Nuestro orgullo e inocencia nos lleva a imaginar que el sistema evolutivo que conocemos es exclusivo y que físicamente no existe ningún otro. Dentro de la realidad física que conocemos, hay indicios y señales sobre la naturaleza de otras realidades físicas. Latentes en nuestra forma física existen otros sentidos que no utilizamos y que podríamos hacer aparecer en nuestra probabilidad y no lo hacemos.
Ninguna línea evolutiva es una línea muerta. Si en nuestro sistema desaparece, emergerá en otro. Todas las probables manifestaciones de la vida y la conciencia tienen su día y crean las condiciones en las cuales puedan florecer. En nuestros términos, ese día es eterno.
Las líneas evolutivas de que hemos hablado, corresponden no solamente a nuestro planeta y sistema solar, sino que también son válidas para el universo que conocemos. Somos conscientes apenas de una porción de la existencia física.
No solamente somos criaturas corporales formando imágenes de carne y hueso e interactuando en un particular tipo de espacio-tiempo; también somos criaturas que surgen de una particular dimensión de probabilidades. Hemos nacido en dimensiones de realidad apropiadas para nuestro desarrollo y crecimiento.

martes, 26 de junio de 2007

El Nacimiento

Los átomos que componen el feto tienen su propia clase de conciencia. Esta existe antes de que la conciencia de la personalidad que va a reencarnar entre en el cuerpo. La conciencia de la materia está presente en todo tipo de materia: un feto, una roca, una hoja de hierba, una puntilla.
La manera como entra en el feto la nueva personalidad, la determinan sus inclinaciones, deseos y características, teniendo presentes algunas precauciones. No hay ninguna regla que diga que debe entrar en la forma en un preciso momento, bien sea el de la concepción, en los primeros meses del feto, o en el momento del nacimiento. El proceso es gradual, individual y determinado por experiencias en otras vidas. Depende especialmente de las características emocionales, no necesariamente de la última encarnación, sino de la tensión emocional que se haya presentado en un grupo de ellas.
Se presentan varios métodos de entrada. Si ya existe una relación muy fuerte entre los padres y el niño y si la personalidad está extremadamente ansiosa por reunirse con ellos de nuevo, entrará en el momento de la concepción. En este caso, una porción de su conciencia continuará operando en la realidad entre vidas. Al principio, el estado del útero será como en el estado del sueño, ya que la personalidad estará todavía en la situación entre vidas.
En estas circunstancias, casi siempre existe una muy fuerte conexión entre los padres y el niño. También se puede tratar de un deseo obsesivo de regresar a la realidad física, por parte de la personalidad que reencarna. El que esto ocurra, no es inconveniente en manera alguna. Significa que la personalidad se siente bien en la existencia física y que encuentra en ella una dimensión útil para el desarrollo de sus propias habilidades.
Algunas personalidades se apresuran a entrar en el momento de la concepción por motivos no tan nobles, como la codicia, o por un deseo obsesivo de resolver algunos problemas pendientes. Otras personalidades, que no han sentido mucho afecto por la realidad física, demoran su entrada en el cuerpo por algún tiempo y permanecen a cierta distancia de él.
Como en todos los casos las decisiones se han tomado anticipadamente, la personalidad que va a reencarnar sabe cuando será el momento de la concepción que ha estado esperando. Entonces puede entrar o no en ese momento, pero estará atraído irresistiblemente a ese punto y momento del espacio-tiempo. Es frecuente que antes de la concepción la personalidad visite el entorno de quienes serán sus padres.
En la existencia entre vidas, la personalidad puede ver imágenes de su futura existencia. No verá algunos eventos en particular, pero sí experimentará lo esencial de su nueva relación y recordará los retos que se ha impuesto. Los fantasmas del futuro son tan reales en los hogares como los del pasado.
El nacimiento produce un poderoso impacto en la personalidad que entra en la realidad física. La conciencia del cuerpo es fortalecida de inmediato en este momento y estará lista para actuar y reaccionar bajo nuevas condiciones controladas.
Antes de que la nueva personalidad entre en el cuerpo, el feto se siente parte del organismo de la madre. Este soporte desaparece en el momento del nacimiento. Si la personalidad aún no ha entrado en el cuerpo, lo debe hacer en ese momento para estabilizar el nuevo organismo.