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jueves, 7 de mayo de 2009

La Realidad y las Creencias Personales 3

Más tarde discutiré algunas de las razones para tus creencias, pero por ahora simplemente quiero que las reconozcas. Voy a enumerar algunas falsas creencias limitantes. Si estás de acuerdo con alguna de ellas, reconoce esto como un área en la cual debes trabajar personalmente.

La vida es un valle de tristezas.

El cuerpo es inferior. Como vehículo del alma está automáticamente degradado y manchado. Puedes sentir que la carne es inherentemente mala y perversa, que sus apetitos son malos. Los Cristianos pueden encontrar el cuerpo deplorable, pensando que el alma “descendió” dentro de él. “Descender” automáticamente significa el cambio desde una condición más alta o mejor, a una que es peor. Los seguidores de las religiones Orientales con frecuencia sienten su deber de negar la carne, de levantarse por encima de ella, por así decirlo, hacia un estado en donde nada se desea. Utilizando un vocabulario diferente, todavía creen que la experiencia terrenal no es deseable en sí misma.

Soy impotente ante circunstancias que no puedo controlar.

Soy impotente porque mi personalidad y mi carácter fueron formados en la infancia y estoy a merced de mi pasado.

Soy impotente porque estoy a merced de eventos de vidas pasadas en otras encarnaciones, sobre las cuales ahora no tengo control. Debo ser castigado, o me estoy castigando a mí mismo, por desconsideración con otros en vidas pasadas. Debo aceptar los aspectos negativos de mi vida por mi karma.

La gente es básicamente mala y sale para cogerme.

Tengo la verdad y nadie más la tiene. O, mi grupo tiene la verdad y ningún otro grupo la tiene.

Me volveré más frágil, más enfermo, y perderé mis poderes a medida que envejezco.

Mi existencia depende de mi experiencia en la carne. Cuando mi cuerpo muere, mi conciencia muere con él.

Esta fue una lista más bien general de falsas creencias. Ahora tenemos aquí una lista más específica de las creencias más íntimas, algunas de las cuales puedes tener personalmente acerca de ti mismo.

Soy enfermo y siempre lo he sido.

Hay algo malo con el dinero. La gente que lo tiene es codiciosa y menos espiritual que aquellos que son pobres. Son más infelices y esnob.

No soy creativo. No tengo imaginación.

Nunca puedo hacer lo que quiero hacer.

No le gusto a la gente.

Soy gordo.

Siempre tengo mala suerte.

Todas estas son creencias sostenidas por muchas personas. Aquellas que las tienen, las encontrarán en la experiencia. La información física siempre parece reforzar las creencias, pero las creencias forman la realidad. Vamos a intentar derrumbar tales conceptos limitantes.
Primero que todo, debes darte cuenta que nadie puede cambiar tus creencias por ti, ni ellas se te pueden imponer desde afuera. Tu puedes realmente cambiarlas por ti mismo, sin embargo, con conocimiento y aplicación.
Mira a tu alrededor. La totalidad de tu entorno físico es la materialización de tus creencias. Tu sensación de alegría, tristeza, salud o enfermedad, todo es causado por tus creencias. Si crees que una determinada situación puede hacerte infeliz, lo hará, y la infelicidad reforzará entonces la condición.
Dentro de ti esta la habilidad para cambiar tus ideas acerca de la realidad y acerca de ti mismo, de crear una experiencia personal viviente que sea enriquecedora para ti y para otros. Me gustaría que escribieras tus creencias acerca de ti mismo, a medida que te enteras de ellas. Más tarde puedes utilizar esta lista de una manera que ahora no sospechas. Tus creencias conscientes dirigen el funcionamiento de tu cuerpo. No lo contrario.
Tu ser interior adopta la mente físicamente consciente y físicamente enfocada como un método de permitirle la manipulación en el mundo que conoces. La mente consciente está particularmente equipada para dirigir la actividad exterior, para manejar la experiencia de vigilia y para supervisar el trabajo físico.
Sus creencias acerca de la naturaleza de la realidad le son dadas a las partes internas del ser. Estas confían principalmente en la interpretación que hace la mente consciente de la realidad temporal. La mente consciente establece las metas y el ser interior las logra, utilizando todas sus facilidades y energía inextinguible.
El gran valor de la mente consciente reside precisamente en su habilidad para tomar decisiones y establecer direcciones. Su papel es doble, sin embargo: está para evaluar las condiciones tanto internas como externas y para manejar la información que viene desde el mundo físico y desde las partes internas del ser. No es entonces un sistema cerrado.
Para ser humano se necesita sutil discriminación en el uso de tal conciencia. Muchas personas están temerosas de sus propios pensamientos. No los examinan. Aceptan las creencias de otros. Tales acciones, distorsionan la información, tanto de adentro como de afuera.
No hay un conflicto entre el ser intuitivo y la mente consciente. Solo parece haberlo cuando el individuo se rehúsa a afrontar toda la información que está disponible en su mente consciente. Algunas veces parece más fácil evitar los reajustes frecuentes en el comportamiento que el auto examen requiere. En tales casos, un individuo colecciona muchas creencias de segunda mano. Algunas se contradicen unas a otras. Las señales que se le dan al cuerpo y al ser interior no fluyen suavemente, o con claridad, sino que son una mezcla turbia de direcciones encontradas.
Esto disparará inmediatamente alarmas de varias naturalezas. El cuerpo no funcionará apropiadamente, o el total entorno emocional sufrirá. Tales reacciones son realmente excelentes precauciones que deben tomarse como signo de que se necesita el cambio.
Al mismo tiempo, el ser interior trasmitirá perspicacia e intuición a la mente consciente para clarificar su visión. Pero si crees que el ser interior es peligroso y que no se puede confiar en él, si estás temeroso de los sueños, o de cualquier otro material psíquico intrusivo, entonces niegas esta ayuda y te apartas de él. Si crees además que debes aceptar tus dificultades, esta sola creencia te puede impedir resolverlas.

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